Mercados y Tolerancia: Como poner precio al trabajo ennoblece

Traducción de una fragmento del libro Markets Without Limits de Jason Brennan y Peter Jaworski. Esta traducción ha sido parcialmente hecha por SFL Madrid.


markets without limits

El economista Gary Becker argumentó en su libro de 1957 que el mercado [competitivo] tiende a eliminar la discriminación injusta.18 Supongamos que hay gente a la que le gusta discriminar –prefieren contratar a trabajadores blancos en vez de contratar a trabajadores negros igual de productivos. Esto tenderá a reducir los salarios de los trabajadores negros. Sin embargo, esto da ventaja a las empresas que sí están dispuestas a contratar a trabajadores negros. El trabajo de los trabajadores negros se vuelve una ganga. Las empresas pueden contratar a trabajadores negros a cambio de un menor salario, vender sus productos por menos (ya que los costes laborales son menores) y tener más beneficios. Cuanto más discriminen otros en contra de los negros, más beneficios haría un dueño de fábrica blanco en contratarlos. El mercado, en consecuencia, castiga el gusto por discriminación que hace que ésta se dé a expensas otros intereses egoístas.

El argumento de Becker no es solo especulación. La economista Linda Gorman dice que Sudáfrica es una buena muestra de ello. A principios de 1900, a pesar de las amenazas de violencia y sanciones, los dueños blancos de las minas despidieron a trabajadores blancos bien remunerados para contratar trabajadores negros menor pagados. El gobierno de Sudáfrica tuvo que aprobar las leyes del apartheid para impedir que siguieran contratando a negros.19

Otro ejemplo viene de las leyes Jim Crow. La economista Jennifer Roback muestra que era muy costoso tener compartimentos en el transporte público para separar negros y blancos: las leyes Jim Crow eran caras. Las empresas ferroviarias perdían dinero al tener que habilitar vagones extra. Las cafeterías perdían dinero teniendo que habilitar el doble de cuartos de baño. Lo que hacían los Estados del Sur imponiendo estas leyes era obligar a las empresas a maltratar a los negros. Las leyes estaban ahí porque muchas empresas no discriminaban hasta que fueron obligadas a ello. Si se lee las editoriales de la época sobre las leyes Jim Crow, encontraremos frecuentes alusiones a lo egoístas que eran los empresarios al solo buscar beneficios pero no apoyar la ideal moral de la segregación.20

Roback añade que los estados sureños tenían un amplio abanico de leyes diseñadas para que los negros no pudiesen competir con los blancos por trabajo. Estas leyes prohibían la tentación que tenían los agricultores blancos de intentar contratar a los trabajadores negros de otras tierras durante las épocas de siembra o cosecha. Los trabajadores negros que intentasen cambiar de trabajo para ir con un agricultor que les pagase más, podían ir a la cárcel. Las Leyes de Vagancia requerían que los negros estuviesen empleados todo el tiempo. Cualquier negro desempleado sería considerado un vagabundo y podía ser encarcelado y mandado preso a trabajar Por ello, los negros no podía buscar un mejor empleo, tenía que quedarse con cualquier trabajo que encontrasen. Las Leyes de Emigrantes prohibían que los seleccionadores de personal blancos tentasen a trabajadores a dejar sus ciudades o Estados para trabajar en otro lugar. Estas y otras leyes y regulaciones fueron hechas para impedir que el mercado ayudase a los trabajadores negros.

El capitalismo da a las personas un incentivo económico a passar por alto sus diferencias y en su lugar trabajar conjuntamente. Y, una vez todas las personas trabajan conjuntamente, tienden a dejar de importarles esas diferencias. Esta es la razón por la cual las sociedades de mercado son generalmente lass más tolerantes.21 Las presiones competitivas de mercado y la búsqueda de beneficios empuja a las personas a ver más allá de divisiones raciales o religiosas. Esto explica la observación de Voltarie de que en la Bolsa de Londres, las personas de todas las razas y credos se reunieran para hacer negocios.22

“Entrad en la Bolsa de Londres -un lugar mucho más respetable que muchas cortes–  y veréis allí reunidos, para bien de los hombres, a representantes de todas las naciones. Allí el judío, el mahometano y el cristiano se tratan como si pertenecieran a la misma religión, y no dan el nombre de infieles más que a los que quiebran; allí un presbiteriano confía en un anabaptista, y un anglicano confía en la palabra de un cuáquero. Al salir de esas pacíficas y libres asambleas unos van a la sinagoga, otros a beber… otros se van a su iglesia a esperar, con el sombrero puesto, la inspiración divina, y todos están tan contentos.” ~ Voltarire, Cartas filosóficas
Un crítico podría responder aquí una afirmación familiar para la mayoría de estadounidenses: “Las mujeres cobran 77 centavos al dólar por lo que los hombres ganan.” Esto parece un claro contra-ejemplo a la tesis de Becker. Lo que realmente está ocurriendo, es que la mujer trabajadora media gana alrededor de un 77% de lo que el hombre trabajador medio gana. Sin embargo, las economistas laborales Claudia Goldin y Lawrence Katz explican que esto no implica, por otro lado, que a un hombre y una mujer idénticas, trabajando codo con codo en el mismo puesto de trabajo se les pague cantidades radicalmente diferentes. En cambio, las mujeres tienden a trabajar menos horas que los hombres [sobre la evolución de las horas de trabajo, documentado aquí por Tyler Cowen], incluso cuando trabajan a jornada completa. Las mujeres tienden a tomar más bajas por enfermedad y tiempo del trabajo para cuidar a los hijos. Las mujeres también tienden a escoger trabajos que pagan menos. Una vez tomamos en cuenta todos estos factores, la brecha laboral se cierra a 91 centavos al dólar. Esto aún no significa que los otros 9 centavos impliquen una discriminación –pueden haber otras fuerzas operando, como que los hombres son más agresivos a la hora de negociar y pedir aumentos.23 Goldin dice que, por ejemplo, recién salidos de un programa de MBA, los hombres solo tienen una pequeña ventaja salarial sobre las mujeres, pero después de quince años, la brecha aumenta.24

Un crítico podría responder que las mujeres tienden a escoger diferentes trabajos que tienden a pagar menos, o tienden a cuidar más de los hijos y por lo tanto trabajan menos horas fuera del hogar, lo que refleja sexismo. Puede. Puede que esto se deba a relaciones sociales y roles de género contingentes y por lo tanto modificables. Puede que esto se deba a tendencias de género menos modificables que resultan de presiones de la selección evolutiva. No tomamos ninguna postura sobre esto. En cambio, sólo recalcamos, primero, que el mercado no siempre puede solucionar lo que no se lleva al mercado. También recalcamos que al igual que las sociedades de mercado son menos racistas y homófobas, también son las menos sexistas. Es una lástima que los mercados no arreglen por completo el problema, al igual que es una lástima que Advil no cure todos los dolores de cabeza. Pero entonces sería bizarro culpar al mercado por el sexismo, al igual que lo sería culpar a Advil por los dolores de cabeza.20 La economía de mercado no es enemigo de las minorías ni de las mujeres.

Nota: Ver “The Eugenic Effects of Minimum Wage Laws” en el artículo “Eugenesics and Economics in the Progressive Era” del Journal of Economic Prespectives para un uso del salario mínimo similar a otras políticas los mencionados [Jim Crow y demás].

Referencias

18. Becker, Gary. 1957. The Economics of Discrimination. Chicago: University of Chicago Press.
19. Gorman, Linda. 2013. “Discrimination,” The Concise Encyclopedia of Economics 2013 online edition. Avariable at http://www.econlib.org/library/Enc1/Discrimination.html 
20. Roback, Jennifer. 1986. “The Political Economy of Segregation: The Case of Segregated Streetcars,” Journal of Economic History 56:893-917.
21. Ver:
Berggren, Niclas, and Therese Nilsson. 2013. “Does Economic Freedom Foster Tolerance?” Kylos 66: 107-2017.
Jha, Saumitra. 2013. “Trade, Institutions, and Ethnic Tolerance: Evidence from South Asia,” American Political Science Review 107: 807-32.
22. Jha, Saumitra. 2013. “Trade, Institutions, and Ethnic Tolerance: Evidence from South Asia,” American Political Science Review 107: 807-32.
23. Ver:
Bertrand, M., Goldin, C., and Lawrence Katz. 2010. “Dynamics of the Gender Gap for Young Professionals in the Financial and Corporate Sectors. American Economic Journal: Applied Economics 2: 228-55.
 An Analysis of Reasons for the Disparity in Wages Between Men and Women  by CONSAD Research Corp, for the U.S Department of Labor
Goldin, C., and Lawrence Katz. 2008. “Transitions: Career and Family Life Cycles of the Educational Elite,” American Economic Review 98: 363-69.
Stevens, Cynthia k., Bavetta, Anna G., and Marilyn E. Gist. 1993. “Gender Differences in the Acquisition of Salary Negotiation Skills: The Role of Goals, Self-efficacy, and Percieved Control,” Journal of Applied Psychology 78: 723-35.
Kaman, Vicki S., and Charmine E. J. Hartel. 1994. “Gender Differences in Anticipated Pay Negotiations Strategies and Outcomes,” Journal of Business Psychology 9: 183-97.


Artículo original en el blog Katalepsis

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