Malos argumentos para ilegalizar la Marihuana (I): La Selección Adversa

Con este artículo damos el pistoletazo de salida a una serie de reflexiones donde repasamos y criticamos los argumentos que se suelen esgrimir en contra de la legalización de la producción, distribución y consumo de la marihuana. Nos ha parecido conveniente empezar por el argumento según el cual existe una asimetría informativa entre comprador y vendedor de marihuana en virtud de la cual el vendedor podría estafar, defraudar o timar al comprador sin consecuencia alguna, ya que éste sabe cosas sobre lo que vende que el comprador no sabe. En tal supuesto, el vendedor podría vender una marihuana terriblemente mala al comprador impunemente.

En economía llamamos a este fenómeno selección adversa y consiste en llevar a cabo una transacción que el comprador no hubiera llevado a cabo en caso de que la información fuera perfecta. La consecuencia de la de selección adversa es la aparición de un fallo de mercado en forma de comportamiento disfuncional del mismo. Veamos esto con un ejemplo:

En el barrio barcelonés de Sants se venden 2 tipos de marihuana (simplificando): Marihuana de calidad y marihuana de mala calidad. Los ofertantes de marihuana tienen un conocimiento sobre el producto que venden superior al de los demandantes y deciden utilizarlo para estafar a los demandantes vendiéndoles marihuana de mala calidad a los compradores de marihuana de buena calidad. En ese contexto, cuando los compradores perciben que han sido estafados, pasan a comprender que en el mercado sólo hay marihuana de mala calidad. El resultado de esto es que los precios de la marihuana se deprimen y en el mercado pasa a negociarse solamente marihuana de mala calidad, expulsando la de mayor calidad del mercado.

Este ejemplo es en realidad una adaptación del “mercado de limones” del premio nobel George Akerloff que llevó a implementar en Estados Unidos regulaciones sobre la venta de coches de segunda mano a fin de evitar la selección adversa. Ahora bien, ¿estamos verdaderamente ante un fallo de mercado? No, existen mecanismos de mercado para remediar esta situación que, de hecho, son verdaderamente comunes en nuestro día a día como veremos a continuación.

La manera más usual de combatir la asimetría informativa pasa por incurrir en costes hundidos. Por costes hundidos me refiero a costes fijos irrecuperables, esto es, costes que no dependen de otra variable (constantes) en los que se ha incurrido en el pasado y que tienen la particularidad de que su recuperación es imposible, lo cual implica que no tienen coste de oportunidad, es decir, su utilización es gratuita (no hay alternativa a su uso o desuso). Sobran ejemplos que ilustran este fenómeno: El tiempo que has pasado con tu novia es un coste hundido (no podrás recuperar ese tiempo aunque quieras), un túnel excavado en una montaña también lo es (no puedes recuperar lo invertido ni darle un uso alternativo), entrar en un taxi y que el taxista levante la banderilla es un clásico ejemplo de coste hundido (vas a tener que pagar independientemente de lo que hagas), etc. Con todo, mi ejemplo favorito es el de Hernán Cortés al desembarcar en América:

Cuando Hernán Cortés llegó con sus naves al nuevo mundo la ambición brillaba en sus ojos. Quería triunfar en su aventura y para ello necesitaba que sus hombres estuvieran motivados y resueltos a presentar batalla. Para ello, el avispado extremeño incurrió en costes hundidos hundiendo (valga la redundancia) sus navíos, eliminando así la posibilidad de volver a casa. Ahora sus hombres tenían sólo dos opciones: Vencer o morir. La estratégica acción de Hernán incurriendo en tan tremendos costes hundidos tuvo una consecuencia directa: La credibilidad ante sus hombres era ahora mayor que nunca, que era precisamente lo que necesitaba.

Marihuana buena calidad

El ejemplo de Hernán nos ofrece una muestra perfecta de cómo el incurrir en costes hundidos puede servir para ganar credibilidad antes terceros y es por ello que los costes hundidos son el instrumento perfecto para eliminar el riesgo de selección adversa. Volvamos a nuestro mercado de marihuana en el barrio de Sants. En esta ocasión, un perspicaz vendedor percibe que es posible persuadir a sus compradores de que su marihuana es realmente de buena calidad y de que no les va a estafar. ¿Cómo? Incurriendo en costes hundidos. Las posibilidades son infinitas:

Por ejemplo, podría invertir en mostrar sus mercancías en un establecimiento limpio, ordenado y agradable a la vista que sin duda entrará en contraste con los vendedores ambulantes sugiriendo que lo que se vende es de calidad o, como mínimo, tiene ciertos estándares porque… Si no fuera de calidad, la inversión dedicada al acondicionamiento de la tienda sería un coste totalmente perdido (¿de qué habría servido? Los consumidores dejarán de acudir ahí y perderá toda reputación que pudiera tener).

Otra opción sería ofrecer garantías asociadas a la venta de la marihuana. Por ejemplo: El vendedor se podría comprometer a que si la marihuana vendida produce efectos secundarios indebidos o un deterioro de la salud, el comprador puede reclamarle el importe de la marihuana y otras cláusulas que podrían acordarse. Como decía, las posibilidades son infinitas. Tantas como ofrezca la creatividad humana y la fuerza impulsora de la función empresarial.

A pesar de todo, el coste hundido por excelencia, la madre del cordero, es sin duda la reputación. Pensemos en todo el tiempo y esfuerzo que cuesta labrarse una buena reputación. Entre otras cosas, implica no estafar al cliente (porque en caso de estafarlo estaríamos perdiendo todo lo que hemos invertido en reputación hasta el momento). La reputación es quizá el elemento más importante que ayuda a combatir la selección adversa. Pensemos en un vendedor que se dedica a estafar sistemáticamente a sus vendedores diciéndoles que vende marihuana de buena calidad cuando en realidad vende mala calidad. ¿Qué clase de reputación tendrá este vendedor en el mercado? Presumimos que no muy buena. Consideremos ahora la reputación del vendedor que vende siempre lo que dice vender, sin estafar a nadie. En tal caso, si en un momento dado empieza a estafar sistemáticamente, todo el tiempo pasado en que no ha estado estafando no habrá servido de nada. En otras palabras, estará dilapidando el valor de haber renunciado en el pasado a no tener una actitud oportunista: Habrá dejado de tener ingresos en el pasado (coste de oportunidad) derivados de la estafa a cambio de nada, porque estará perdiendo los mayores ingresos presentes y futuros derivados de la reputación que ya no tiene por haber empezado a estafar ahora.

A tenor de lo expuesto, los defensores de la prohibición de la marihuana deberán dejar de apelar a una asimetría informativa que, como se ha demostrado, tiene una clara solución de mercado.

ValdeCarlos Valderrama Montes

Presidente de Students for Liberty Barcelona, Diplomado en Ciencias Empresariales y estudiante del Doble Grado de Estadística y Economía (UB y UPC).

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