Por qué los liberales deberían defender la independencia de Cataluña

Repudio toda clase de nacionalismos. Soy esa clase de persona que ve en la bandera de un país poco más que un trozo de tela y que no encuentra una gran diferencia entre el fanático religioso y el exaltado por “la patria” (signifique eso lo que signifique). En general, la defensa a ultranza de una tierra sólo en base al romántico sentimiento que suscita la pertenencia a un lugar y a una cultura se me antojan emociones primitivas, irracionales y puras fuentes de conflicto. Así ha sido a lo largo de la historia: No fue otra cosa que el nacionalismo lo que alimentó la demencia expansionista de Hitler y los nazis o la sangría  que representó la Guerra de los Balcanes.

Salvo notables excepciones que emanan más del marco institucional instaurado que del amor ciego a la nación, el nacionalismo como idea no ha sembrado más que pobreza y conflicto en el mundo. Ahora bien, cabe diferenciar la figura del nacionalismo como ídolo al que adorar de las ventajas que suele conllevar en ciertos contextos y que, por pragmatismo, hacen que a título personal lo defienda en ciertos casos. Ciertamente, el caso catalán es uno de ellos.

Como digo, defiendo el nacionalismo que en España se suele llamar peyorativamente “periférico” (como si el central estuviera dotado de un aura de bondad y legitimidad sagrados) por una cuestión de pragmatismo. Las economías pequeñas (demográfica y en cuanto a superficie) suelen tener pocos recursos naturales, vetándoseles casi de inmediato la posibilidad de convertirse en autarquías sin incurrir en un coste gargantuesco en términos de progreso material. Países Bajos, Singapur, Bélgica, Dinamarca o Taiwán son ejemplos paradigmáticos, Cuba o Corea del Norte son anecdóticos contraejemplos que responden más al infortunio geoestratégico que a lo más conveniente para sus pueblos.

Tampoco es casual que, ceteris paribus, la fiscalidad sea más laxa en presencia de multitud de Estados-Nación que ante un solo Estado mastodóntico que centralice el saqueo a la sociedad civil. El Sacro Imperio Romano en su momento o la misma Unión Europea en la actualidad (en la medida en que no prosiga la senda de centralización emprendida) son ejemplos de unidades administrativas fragmentadas que, en caso de formar una sola jurisdicción, representarían un infierno fiscal mucho más dañino que en su estado desagregado. En el caso del Sacro Imperio Romano esto se vio con la irrupción del I Reich y la oleada de estatismo que trajo Bismarck (colándonos de paso el sistema de adoctrinamiento que algunos llaman “educativo de corte prusiano”). Servidor sólo espera que el devenir de la UE no discurra por esos derroteros y que el proceso de integración se detenga en el más que bienvenido mercado único y Dios nos libre de más regulación a nivel comunitario.

Sé que juego con fuego defendiendo como defiendo el llamado nacionalismo periférico por cuestiones puramente pragmáticas. Existen cuestiones aparejadas que son un claro atropello a la libertad individual más elemental y que, sin duda, una Cataluña independiente tendrá que encajar. Hablo, por ejemplo, de la inmersión lingüística y, sin duda, el día que Cataluña sea independiente seré el primero en alzarme contra el autoritarismo cultural (¿quién es el Estado para decidir en qué idioma se educa mi hijo?). Empero, creo que a tenor de lo expuesto los beneficios de crear un Estado más pequeño compensan de lejos los inconvenientes.

Haciendo honor a la verdad, existe una buena pluralidad de argumentos sólidos exentos de sentimientos nacionalistas en contra de la independencia de Cataluña y, como los que presento aquí, puramente pragmáticos. La mayoría de ellos se centran en torno al incierto devenir y viabilidad de un Estado nuevo inserto en la geografía institucional europea, además de sutilezas diversas sobre la macroeconomía con barretina. Son, en general, asuntos dignos de debate y bastante razonables (o, al menos, su puesta en tela de juicio es más que razonable).

No ocurre lo mismo con los argumentos en contra de la independencia que afloran del rancio nacionalismo español (tan rancio o más que el catalán a veces). El que más me enerva es aquel que defiende la imposibilidad presente del proceso secesionista catalán sólo en base a su inviabilidad jurídica. La reforma de la constitución que haría posible dilucidar esta cuestión en las urnas, afirman, es “cosa de todos los españoles”. Este razonamiento, por llamarlo de alguna manera, nos debería llevar a situaciones tan ridículas como que la totalidad de Cataluña quisiera independizarse mañana por la mañana pero le fuera imposible debido a que la competencia que lo haría posible emana de la totalidad del pueblo español.

Sin título

 

Hasta donde yo sé, las leyes están para hacer posible la vida en sociedad, no para esclavizar a minorías, menoscabar su libertad individual y mantenerlas como reos de una jurisdicción a la que no quieren pertenecer, aunque sus conciudadanos se empeñen en ello. El argumento “legalista”, como gusto de llamarlo, peca de idealista, por cuanto asume que la ley es legítima sólo por emanar de mecanismos democráticos. A sabiendas de que incurro en la Ley de Godwin, el argumento legalista debería llevarnos a concluir que las leyes que amparaban el antisemitismo durante el III Reich eran legítimas sólo por haber sido los electores alemanes quienes auparon a Hitler al poder.

A todas luces, la configuración actual de la constitución española no se adapta a las necesidades de su sociedad civil en varios sentidos, pero muy especialmente en lo relativo al derecho de autodeterminación y, en este caso, la solución no pasa por impedir de manera intransigente que las minorías decidan si seguir perteneciendo al Reino de España, sino en articular los cauces legales necesarios para que les sea posible manifestar su voluntad.

Podeís encontrar también este artículo en el blog Severidades

ValdeCarlos Valderrama Montes

Presidente de Students for Liberty Barcelona, Diplomado en Ciencias Empresariales y estudiante del Doble Grado de Estadística y Economía (UB y UPC).

Blog personal: https://Severidades.wordpress.com/

4 Comments

  1. Xavi Er 24 noviembre, 2014 Reply

    Menudo submarino. Menudos argumentos. No me extraña que partidos así no vayan a ningún lado. A ver si te entera: la poca tradición liberal española no es, desde luego, catalana. Hace falta tener caradura o in documentación. De la pompeu, cla…

  2. mariano 25 noviembre, 2014 Reply

    argumentario propio de un niño….lleno de topicazos y falacias.

  3. Enric 2 enero, 2015 Reply

    Totalmente de acuerdo con el artículo y muy buen argumentado.

    El estado debería ser simplemente un administrador con un poder muy limitado (como el administrador de un piso). Pero en cambio lo que hacen es atribuirse a sí mismos la autoridad de hablar en nombre de la ciudadanía (a la que expolian con los impuestos).

    Luego, los políticos y pseudo-periodistas, se inventan conceptos como “nación” o “patria”. Falsean la historia, tergiversan hechos y engañan la población para lavarles el celebro con ideas falsas. Así es como crean el “amor a la patria” o “la nación”.

    Luego te roban el 60% de tu nómina cada mes i ellos, los de la bandera, administran ese dinero que te han robado. De esta manera es el político de turno el que decide qué se hace con TU dinero.

    Muy buen artículo. Normal que no guste a los camaradas Xavi Er y mariano :)

    Sigue así!

    Saludos

  4. Reaver 14 mayo, 2015 Reply

    Mis impresiones:
    1) La independencia de Cataluña se sustenta en gran medida no por cuestiones liberales, sino por cuestiones identitarias, etnicistas, excluyentes, nacionalistas incluso racistas, anacrónicas en un mundo globalizado. Lo cuál, es muy peligroso.
    Esto es aplicable a cualquier nacionalismo, incluido el español rancio.
    2)Curiosamente, si hay alguien que debería quejarse históricamente por los gobiernos que nos han tocado, es mi región: Castilla. Los Habsburgo dejaron hecho un erial una región dinámica y próspera por sus desastrosas e innecesarias campañas. Los catalanes tuvisteis la suerte y la inteligencia de escaquearos en gran medida xDD.
    Además,aunque suene extraño, gobiernos centralistas como los borbónicos de la ilustración vinieron de perlas a la laboriosa Cataluña al acabar con ciertos monopolios y favorecer la unidad de mercado sin tantas trabas. Más adelante en la historia, si había que acudir al paraguas del Estado para establecer un arancel (léase Cambó) y “proteger” la industria, pues no se andaba con remilgos regionalistas xD.
    3)La cuestión impositiva no sólo afecta a los catalanes, sino a todos los españoles. Y no hace falta decir que si Cataluña es una de las regiones de Europa con la mayor presión fiscal es en gran medida por decisión de la Generalitat, no sólo por el Gobierno Central. Por ejemplo, el bestial tipo marginal del IRPF que soportan las rentas más altas o los numerosísimos impuestos propios creados. ¿Cataluña caminaría hacia un mayor liberalismo o hacia una socialdemocracia más gravosa?. No lo tengo tan claro.
    4) La decisión de secesión debería ser unánime o al menos con una mayoría amplísima. Y aun así,tenemos de nuevo el problema de las mayorías frente a las minorías.
    5) Relacionado con lo anterior y que como liberal siempre he pensado. ¿Por qué un castellano no podría acogerse a la normativa de un catalán o un catalán a la de un madrileño si es la que más le favorece?.Creo que Esperanza Aguirre estableció algo parecido en su Comunidad para la atracción de empresas y me pareció una fantástica idea.

    Por último, decir que para mí la mejor solución sería un sistema federal o incluso descentralizado hacia los municipios. La completa autonomía fiscal generaría una sana competencia y disciplina fiscal entre todas las regiones y/o ayuntamientos. Lo mismo en la cuestión normativa, pero siempre basándose en principios como la simplicidad, transparencia y favoreciendo la unidad de mercado para evitar barreras legales innecesarias y excluyentes.

    Gracias por leer.

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