Independencia: ni desierto ni oasis. Desde una óptica liberal-libertaria

artur mas

Si hay un momento en la historia reciente de España donde ha sido relevante hablar de la determinación de los pueblos y poner sobre la mesa argumentos para aclarar y debatir términos es sin duda el contexto actual.

Con Cataluña viviendo un auténtico conflicto político y social en clave de independencia o autodeterminación, desde como mínimo un sector importante de la población (sin importar si es mayoritario, minoritario o en qué porcentaje lo es).

Desde un punto de vista liberal, los individuos son los que de manera voluntaria deben decidir en qué jurisdicción o administración pública/privada quieren permanecer adheridos. Es por tanto lógico pensar que la posibilidad de realizar un referéndum sobre el tema en el conjunto de la población no es tan descabellada como se quiere hacer ver desde algunos flancos de la opinión pública. Siendo la coacción la antítesis del liberalismo, nadie debería ser obligado en contra de su voluntad a formar parte de nada, aunque democráticamente el 51% obligara al  49% o el 70% al 30%.

A partir de este punto es cuando debe plantearse cómo se puede resolver un conflicto tan complejo y qué implica sentimientos e identidades tan enraizadas.

Una vez desarrollada la legitimidad de la celebración de un referéndum debemos pedir a nuestros dirigentes algo más que el discurso del miedo, donde se vende lo desconocido como incertidumbre u obscurantismo (emprender cualquier acción lo conlleva, es un riesgo, no digo que no deba medirse pero sí que no dejar que sea la única variable argumentativa expuesta) ni por supuesto la argumentación contraria, algo parecido a una nación independiente paradisíaca. Culpando de todos los males al estado central y al famoso déficit fiscal o su equivalente “Espanya ens roba” que no deja de ser el pago de un  “impuesto” de quien más riqueza genera, argumento por otro lado defendido por la izquierda, que paradójicamente se queja del desajuste fiscal con el estado central.

Parece lógico pedir a los dirigentes pro y contra independencia el modelo de estado que ellos proponen o dejan de proponer a la sociedad una vez conseguida o no esta. Que se ponga encima de la mesa, sin complejos ni ambigüedades los eventuales problemas y soluciones que ambas vías pueden salpicar a la sociedad y que el ciudadano elija libremente el modelo de estado óptimo para sus fines individuales.

En este camino aparece el ideal liberal-libertario, dónde el referéndum permitiera a los ciudadanos elegir más allá del Sí o No, sino también la posibilidad de elegir a qué unidad administrativa quieren adherirse o incluso fundar una nueva si se cree oportuno. Es decir podría ser que Tarragona (o incluso conglomerados más pequeños de población) eligiera seguir formando parte de la administración española, Girona se estableciera como ciudad-estado libre, Barcelona decidiera permanecer en Catalunya o la Vall d’Aran creara una nueva estructura administrativa independiente. Siempre respetando la libre circulación de bienes, capitales y personas sometidas a los principios generales del derecho; siendo esto el mayor generador de riqueza de las sociedades modernas. Permitiendo así que los individuos tuvieran más poder de decisión sobre sus propias vidas pudiendo elegir en que gestión colectiva se sienten más cómodos y beneficiándose de la libre competencia entre las subestructuras nacionales (voto con los pies; emigrando) premiando así a los modelos más eficientes y prósperos.

La autodeterminación de las “sub-naciones” españolas puede representar la enésima oportunidad de incentivar al estado español a desmontar las estructuras hipertrofiadas e ineficientes del estado y limitarle la coacción a los individuos, obligándole a equilibrar su presupuesto, su fiscalidad y descentralizando así el poder del estado. La fragmentación en unidades más pequeñas, permite a los ciudadanos tener más poder de decisión  (su voto tiene más relevancia al ser menos población) y verán sus necesidades mucho mejor cubiertas al tener este un poder de actuación más cercano y reducido. Compitiendo con otras sub-estructuras para atraer inversión e ingresos a su economía, desincentivando paranoias proteccionistas y belicismos retrógrados.

En definitiva una sociedad mucho más orientada a la voluntariedad entre partes, más libre y en consecuencia más próspera para todos sus integrantes.

alex mesquidaAlex Mesquida Muñoz

Estudiante de Dirección de Marketing y Gestión Comercial. Apasionado de la economía en todas sus expresiones y del management. Liberalismo como forma de vida.

menorcalliure.wordpress.com

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