El yuan, moneda de reserva… ¿internacional?

Mises Chino

La percepción que desde el libertarismo se tiene de la economía china oscila a menudo entre dos visiones antagónicas: para unos, el crecimiento económico chino sería el resultado de las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping a finales de los años 70 y cuyo resultado, ahora más evidente que nunca, será una absoluta reforma libertaria en todos los ámbitos (Torras 2013; Contreras 2013, 37, n. 44). Otros autores apuntan, con más cautela, hacia un estancamiento progresivo resultado de la recuperación de medidas económicamente represoras y, especialmente, por el simple hecho de tratarse de un país comunista con un sistema económico fuertemente intervenido (Huang 2008; Gorrie 2013). La reciente noticia de la incorporación del yuan chino al club de las grandes divisas internacionales parece dar la razón a los primeros. Pero, ¿es el yuan realmente tan importante para la economía mundial?

 

Una moneda, dos realidades

El pasado 30 de noviembre el FMI anunciaba alegremente que el yuan chino se había convertido en una “importante moneda mundial” (“Main World Currency”) que formaría parte de sus “Derechos Especiales de Giro” junto al dólar, el euro, la libra esterlina y el yen japonés. No obstante, a pesar de lo que unos señores escondidos tras unas siglas decidan sobre el resto de mortales, el cielo no va a dejar de ser azul (salvo, tal vez, en China). A efectos prácticos el yuan chino no es una “importante moneda mundial” y van a tener que pasar una o dos dinastías si los principitos del Partido Comunista Chino esperan que algo así vaya a ocurrir. Pero, por supuesto, ésta es la ocasión perfecta para presumir sobre su “Sueño chino” y sobre los increíbles beneficios del socialismo.

Y ahora, la realidad.

Como explica un artículo publicado en Quartz, “el yuan no ha pasado a ser realmente más ampliamente usado que la corona noruega”. En realidad, como siempre sucede en estos casos, China simplemente sobrevive porque tiene un colchón financiero lleno de aire: Hong Kong.

Según los datos del FMI, el yuan chino es ahora la quinta moneda más utilizada en el mundo para realizar pagos internacionales. Pero cuando observamos estos datos más de cerca, descubrimos que prácticamente el 70% de esas transacciones económicas internacionales chinas se realizan con… ¡sorpresa! ¡Hong Kong!

proporción de transacciones internacionales del yuan

Es decir, que a la vez que las autoridades chinas afirman que Hong Kong es parte de China, realizan transacciones internacionales con… ¿ellos mismos? Por supuesto, cuando se trata de dinero, Hong Kong funciona como en país extranjero: se abre allí una Empresa de Inversión Extranjera (FIE en sus siglas inglesas) para evitar las estrictas leyes contra los emprendedores privados que posee China y, después, se presume de cuán maravillosa es la economía china porque la empresa ha lavado una gran cantidad de fondos a través de Hong Kong. Tiene sentido.

“Capitalismo” con características chinas

Cuando el 4 de diciembre de 2004 la compañía china Lenovo Group adquirió la división de PCs de IBM por 1.750 millones de dólares –seguida más recientemente por sus servidores, por un valor de 2.300 millones–, muchos fueron los que se apresuraron a gritar al cielo que Occidente, por fin, había caído. Richard McGregor, del Financial Times, escribió que esto era “un símbolo de una nueva era económica, de cómo una China en rápido ascenso se había vuelto repentinamente tan fuerte como para subsumir una marca americana icónica”. Otros economistas hablaban de un inevitable “nuevo orden”, mientras el inefable Paul Krugman veía en ello un importante desafío a los Estados Unidos.

Frente a todos ellos, Yasheng Huang, profesor de economía política y administración internacional del M.I.T., presentó en 2008 un voluminoso estudio titulado Capitalism with Chinese Characteristics. Entrepreneurship and the State, en donde defiende la tesis inversa: que las reformas económicas que posibilitaron el crecimiento chino llegaron a su fin a principios de los 90, como consecuencia de las purgas políticas y económicas que siguieron a la Masacre de Tian’anmen en 1989 y que, literalmente, decapitaron toda iniciativa privada en China. ¿Cómo se explica entonces la ya mencionada compra de IBM por parte de Lenovo?

Tanto Lenovo como cualquier otra de las muchas compañías que presumen de su posición económica a nivel internacional son, sin excepción, bien Empresas de Inversión Extranjera abiertas en Hong Kong con sucursales en la China continental, bien empresas conjuntas (joint-ventures) que, bajo la Ley de Igualdad Extranjera de Empresas Conjuntas, gozan de los mismos beneficios que cualquier empresa extranjera. Aquí se incluyen Galanz, Wahaha, Haier, Huawei y cualquier otra iniciativa exitosa. Así pues, el caso de Lenovo no sólo demuestra la inviabilidad de la economía socialista china, sino hasta qué punto ésta depende fundamentalmente de Hong Kong o del capital extranjero.

Una país, dos economías

En un importante pasaje de su gran obra, Liberalismo (1927), Ludwig von Mises discute así la impracticabilidad del socialismo:

Un estado socialista no debe confundirse con las gigantescas empresas estatales que surgieron en los últimos decenios [en Europa, especialmente en Alemania y Rusia]*. Todas estas empresas públicas coexisten con la propiedad privada de los medios de producción, mantienen relaciones de intercambio con las empresas privadas gestionadas por los capitalistas, de las que reciben múltiples estímulos que las ayudan a mantener viva la gestión (II.4; Mises 2011, 113).

O en términos más simples: “El anticapitalismo puede sobrevivir sólo como parásito del capitalismo” (IV.5; Mises 2011, 246). Éste es el mecanismo a través del cual China ha sobrevivido a las contrareformas económicas de los 90: manipulando su moneda, violando la “propiedad intelectual” –pactada por contrato en sus aventuras empresariales conjuntas– para vender copias de bajo coste sin gastar en I+D, creando proyectos e infraestructuras de gran envergadura que permanecerán por siempre vacíos para aumentar su PIB y trabajando codo con codo con la propiedad privada de los medios de producción que le ofrece Hong Kong, su parasitada “Región Administrativa Especial”.

Este hecho no es, como podría pensarse, resultado de una toma de conciencia tras las reformas de Deng Xiaoping a finales de los 70 o el retorno de Hong Kong en 1997. En realidad, el gobierno chino ha sido consiente de la inviabilidad de su economía desde al menos finales de la década de 1950. Así, en un discurso pronunciado el 30 de junio de 1958, Zhou Enlai, entonces primer ministro de la República Popular China bajo Mao Zedong, declaró que un “complot o conspiración se estaba gestando para dar a Hong Kong un Autogobierno similar al de Singapur” y que “China deseaba que el actual estado colonial de Hong Kong continuara sin cambio alguno”. La razón la explicaba al año siguiente el director de la Oficina de Asuntos Exteriores Liao Chengzhi, quien amenazó con “liberar” Hong Kong de su independencia, democracia y valores universales si se llevaba a cabo cualquier reforma política para cambiar su estado de colonia. Liao afirmó que Hong Kong era territorio chino pero prefería el actual estado colonial porque “nos beneficia. A través de Hong Kong podemos comerciar y contactar con gente de otros países y obtener materiales que necesitamos con urgencia” (Lai 2007, 34-35).

Hong Kong

Extractos de varios documentos desclasificados por el gobierno británico en relación a la democratización de Hong Kong.

La situación no ha cambiado en absoluto. Milton Friedman visitó Lo Wu, la frontera entre Hong Kong y China, en 1979 para la realización del segundo episodio de su programa de televisión “Libre para elegir” (“Free to Choose”), titulado “El poder del mercado”. Deng Xiaoping acababa de iniciar sus famosas reformas económicas y había creado la Zona Económica Especial de Shenzhen, situada al otro lado de la frontera con Hong Kong. Shenzhen pretendía ser un experimento, pero tras más de tres decenios las medidas iniciadas en la ciudad no se han extendido al resto de China. Al contrario, hace tan sólo un par de años el gobierno del gigante asiático decidió crear una nueva Zona Económica Especial en Shanghai a imagen de Shenzhen que ha resultado ser un completo fracaso, convirtiéndose en una tienda de marisco y pescado para los visitantes chinos que desean degustar productos frescos de importación.

La pregunta parece sencilla: si la economía china es tan buena, ¿para qué crear zonas económicas especiales como las de Shenzhen o Shanghai y regiones administrativas especiales como Hong Kong?


 

NOTA

* Texto omitido en la traducción española.

 

BIBLIOGRAFÍA

Contreras, Francisco. Liberalismo, catolicismo y ley natural. Madrid: Encuentro, 2013.

Gorrie, James R. The China Crisis. How China’s Economic Collapse will led to a Global Depression. New Jersey: Wiley, 2013.

Huang, Yasheng. Capitalism with Chinese Characteristics. Cambridge: Cambridge University Press, 2008.

Lai, Carol P. Media in Hong Kong: Press Freedom and Political Change, 1967-2005. Oxford: Routledge, 2007.

Mises, Ludwig von. Liberalismo: La tradición clásica. Madrid: Unión Editorial, 2011.

Torras, Luis. El despertar de China: Claves para entender el gigante asiático en el siglo XXI. Madrid: Instituto de Estudios Económicos, 2013.

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