El vestido nuevo del Leviatán (I)

leviatan I

Adivina remedios curativos contra los daños, saca ventajas de sus contrariedades, piensa que lo que no le mata le hace más fuerte. -Nietzsche

¿Qué quiero? ¿Qué quieres? ¿Qué significa que un grupo tiene voluntades? ¿Qué significa nosotros “queremos” o “el pueblo quiere”? ¿Quién construye o edifica el “nosotros?” ¿Qué utilidad tiene desde un punto de vista evolutivo? ¿Qué sesgos implica y cómo podemos evitarlos? ¿Qué modelo representa mejor la agregación de nuestras preferencias? ¿Es racional? ¿Es permeable a la innovación y a la iniciativa de la sociedad civil? ¿Existen alternativas? ¿Tienen cabida conceptos como la voluntariedad, la libre asociación o la reciprocidad en el marco estatal? ¿Qué legitima su autoridad?

En los siguientes dos artículos trataré de responder a estas cuestiones aplicando conceptos de la sociología, la biología, la antropología, la psicología y la teoría de juegos.

“Ningún hombre es una isla” (John Doe). Vivimos en sociedad y en calidad de individuos sociales, nos dotamos de herramientas que organizan las relaciones humanas. De esta forma, el Estado emerge como institución formal o constructo social (que no contrato) a partir de las interacciones del colectivo humano y regula nuestra vida en sociedad través de la legislación y los mecanismos que permiten el cumplimiento efectivo de la misma. Además, es un sistema de coordinación interpersonal que logra objetivar o formalizar el poder de dominación como forma de relación entre sujetos sociales.

Esta relación, como veremos, es consentida tácitamente y ratificada fácticamente, aceptada de iure y reiterada de facto. La condición que legitima al Estado y le otorga autoridad moral frente a la ciudadanía es, así pues, su aceptación social, su aquiescencia, la hegemonía cultural en términos gramscianos. Nuestra sumisión o servidumbre a la autoridad política se basa en motivaciones más o menos objetivas e impersonales, que han sustituido a la santidad, al heroísmo o a la ejemplaridad como fuentes de poder (Max Weber). Como bien mantenía Hume, los hijos obedecen por costumbre. La autoridad política se hereda en forma de “conocimiento común”. La violencia y la fuerza sólo tienen cabida cuando esta autoridad tácita fracasa, al ser el recurso más costoso y carecer de objetividad operacional, de racionalidad.  “¡Vivan las cadenas! ” gritaban algunos en 1812.

Dicha autoridad le confiere al Estado la capacidad de determinar las normas del juego de convivencia. Un ejemplo claro de este poder discrecional es la concesión de prebendas o beneficios a los lobbies y grupos de votantes flotantes que se alían a coaliciones mayoritarias (Ley del Director, Stigler). La competencia electoral acaba convirtiéndose en una carrera entre monopolistas en potencia, licitando por una licencia en exclusiva. El Estado patrimonializa la autoridad política concedida “para capitalizarla alquilándosela al mejor postor” (JR Rallo). De este modo, es “cómplice estructural” (Claus Offe) de las élites extractivas dominantes que incluyen a los arrendatarios de tales favores políticos: corporaciones que viven del BOE, bancos privilegiados por el BCE… Clientelismo redistributivo y parasitismo.

No podemos entender el privilegio sin el Estado del mismo modo que no entendemos a Fausto sin el Diablo, a la Bella sin la Bestia, a David sin Goliat o al Dr Jekyll sin Mr Hyde. Es el “puño de hierro detrás de la mano invisible” (Kevin Carson).

El Estado. Un sistema autoimmune, agente autopoiético, meme egoísta y árbitro focal

A raíz de lo comentado, podemos considerar que la legitimidad de la clase política nace a partir de lo que el evolucionista Richard Dawkins denomina un meme. Una unidad de información discreta de herencia cultural (análogo al gen) que se reproduce o trasmite, a través del aprendizaje, la imitación (mímesis o mimetismo), la enseñanza y la asimilación. La autoridad estatal se caracteriza, igual que un meme, por su fecundidad, longevidad  y fidelidad en la replicación (mediante el voto). Su efectividad como institución o idea cultural resulta de  su papel como factor cohesionador, el elevado coste de entrada (barreras a la migración) y la necesidad de compromiso y lealtad hacia el colectivo (patriotismo lo llaman).

El Estado, en calidad de sistema social, se constituye y mantiene mediante la creación y conservación de la diferencia con el entorno (Carl Schmidt), que le confiere una identidad emergente. Esta diferenciación “funcional u operacional” se introduce  mediante la comunicación (Niklas Luhmann), que cosifica y codifica el sistema a través de ideas simbólicas autorreferenciales. La evolución ha generado señales costosas (The Handicap Principle, Amotz Zahavi), que si bien podrían parecer desventajosas para el emisor, son muestras de aptitud o eficiencia biológicas y por lo tanto de estatus (la cola del pavo real o el color pomposo de los animales venenosos, el aposematismo). El Estado, por su parte, comunica o señaliza su estatus y la cohesión del grupo mediante fronteras, himnos, banderas, uniformes, etc. Podemos concluir que estas propiedades lo convierten en un sistema autopoiético, concepto que en biología designa entidades capaces de reproducirse y mantenerse por sí mismas. De este modo, es la continuidad, la existencia de una experiencia o relato compartido, la principal fuente de legitimidad de la que bebe el poder político. Progresivamente, se produce una asimilación entre los objetivos perseguidos por el Estado y los fines de la población, quienes desarrollamos una “falsa conciencia”. Nace la “religión del Estado secular” (De Jasay). Esta vinculación es lo que permite que los hugonotes de la Francia del siglo XVII o valientes como Assange, Manning o Snowden fueran vistos como traidores por una parte significativa de la sociedad. Además, esta condición nos lleva a obedecer órdenes que entran en contradicción con nuestra conciencia personal (recomiendo estos videos cortos de los experimento psicológicos de Milgram y de Asch).  https://www.youtube.com/watch?v=plTi12wf374 y https://www.youtube.com/watch?v=wt9i7ZiMed8

Por otro lado y en términos de mi campo de estudio, la biomedicina, el Estado es autoinmune, (Jacques Derrida). Es inmune a ideas disruptivas que emanan del propio imaginario colectivo y las fagocita para aprovecharlas en la reconstrucción de una nueva imagen dominante que se institucionaliza rápidamente. Algo muy parecido ocurre en este capítulo de la temporada de Black Mirror. La contracultura se transforma en subcultura (Dick Hebdyge). Sirven como ejemplos el movimiento 15M, la Primavera Árabe, Occupy Wall Street o el movimiento ecologista. El Estado es capaz de frenar la evolución social (John Hasnas). La autoridad política actúa como agente neutralizador de la disidencia, engulle y reformula el peligro del mismo modo que un leucocito devora una de sus células en apoptosis y recicla el material molecular degradado.

Esta capacidad del Estado de refundarse concuerda perfectamente con el origen etimológico del término autoridad, auctoritas, que proviene del verbo aumentar, augere. Lo que la autoridad aumenta o confirma constante y progresivamente, según los romanos, es la fundación del cuerpo político, su constitución (Hannah Arendt). Todos los cambios permanecen anclados al nuevo origen a través de la autoridad. El Estado persiste, sobrevive a través de ésta. Nietzsche, Conan el Bárbaro, el último libro de la saga Millenium y las estridentes canciones de Kate Perry, Kelly Clarkson y Jay-Z lo ilustran perfectamente: “was mich nicht umbringt, macht mich stärker”, “what doesn’t kill you makes you stronger“, “lo que no me mata me hace más fuerte“.  La reiteración de estas rutinas en un sistema que continuamente se devora y recompone a sí mismo es como  un zumbido, sutil pero constante.

Otro de los rasgos definitorios del Estado es que su autoridad se sostiene mediante un proceso de expectativas convergentes. Para entenderlo, repasemos el concepto de punto focal del Nobel estadounidense Thomas Schelling. Su teoría de juegos estudia la coordinación de expectativas y comportamientos hacia un resultado ventajoso común o punto focal, en ausencia de comunicación o información imperfecta. Como consecuencia, los individuos especulan acerca de los movimientos estratégicos que realizarán los otros jugadores con el fin de llegar a ese punto o equilibrio. Schelling analiza la situación de la guerra fría y la estrategia militar conocida como Doctrina Eisenhower, en la que el estado se compromete a represaliar al enemigo de forma mucho más contundente en caso de ataque. Con tal de que la estrategia funcione deben conocerla todos los posibles agresores. Otro ejemplo del equilibrio de Schelling, aplicado a la coordinación de expectativas, es el siguiente: dos individuos acuerdan encontrarse pero han olvidado el lugar y la hora de encuentro. Ambos deben pensar dónde podría estar el otro y acaban encontrándose en un punto céntrico.

Finalmente, también podríamos enmarcar la tesis de “la posición original” y “el velo de la ignorancia” de John Rawls como un caso paradigmático de equilibrio focal: la desvinculación del individuo de sus condiciones sociales, morales, religiosas, culturales y políticas y el desconocimiento de las condiciones de los demás (situación de información insuficiente) conducirá a principios justos para todos, garantizando la imparcialidad de las elecciones que tomen y por tanto, la justicia de las normas que emitan.

Una autoridad reconocida por ambas partes o árbitro focal puede asignar derechos y deberes a partir del deseo de los individuos de evitar un conflicto, es decir, de alcanzar un acuerdo o resultado focal. Por lo tanto, es necesario un  reconocimiento tácito de las reglas y de la autoridad que emana del árbitro focal para hacer que el equilibrio designado por las partes devenga un sistema que se imponga, de forma automática, por sí mismo. Podemos caracterizar al Estado, por lo tanto, como un “foco de expectativas convergentes que permite la distribución de los bienes públicos y la resolución de conflictos.”

Resumiendo, el Estado nace como árbitro focal de última instancia, se diferencia  o delimita mediante la comunicación, es legitimado por aceptación social, se reproduce como un meme autopoiético y sobrevive por su autoinmunidad frente a las ideas disruptivas. En el siguiente artículo, trataré de explicar qué problemas conlleva la autoridad política y posibles soluciones. Intentaremos revelar, aunque nos cueste reconocerlo, que el traje del emperador no existe y que el Leviatán, en realidad, está desnudo.

Bibliografía

Max Weber: La política como vocación. http://disenso.info/wp-content/uploads/2013/06/La-poltica-como-vocacion-M.-Weber.pdf

Jacques Derrida. Autoimmune: Real and symbolic suicides. A dialogue with Jacques Derrida.

http://is.muni.cz/el/1423/podzim2013/SOC571E/um/Borradori_A_Dialogue_with_Jacques

Hannah Arendt. What is Authority?

http://la.utexas.edu/users/hcleaver/330T/350kPEEArendtWhatIsAuthorityTable.pdf

Dawkins R.  (1976,  1982).  The selfish gene. Oxford University Press.

Clemens Mattheis. The System Theory of Niklas Luhmann and the Constitutionalization of the World Society. http://www.gojil.eu/issues/42/42_article_mattheis.pdf

Acemoglu, Daron y Robinson, James A. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. Crown Business, 2012.

Anthony de Jasay. The State. (Indianapolis: Liberty Fund, 1998). Thursday, August 06, 2015.

Huemer, Michael. The Problem of Political Authority. Palgrave Macmillan.

Schelling, T. (1960). The strategy of conflict (p. 309). Cambridge MA.: Harvard University Press.

Juan Ramon Rallo (2015). Contra la renta básica. Editorial Deusto.

Structural Problems of the Capitalist  State,  German Political Studies. (1974, vol. 1)  Londres, Sage Publications.

Amotz Zahavi. The Handicap Principle. (1999)

marti jimenezMartí JM

Estudiant de Biomedicina a la UB. BHLibertarian. El Maresme lliure, lliberal i tropical.

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