El Poder… ¿Corrompe?

corrupcion

“Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely” Lord Acton

Esta frase se le atribuye originariamente al historiador católico y británico John Emerich Edward Dalberg-Acton, conocido como Lord Acton, el cual la acuña en una carta dirigida al obispo Mandell Creighton, reprochándole el hecho de que éste último había sido demasiado transigente a la hora de juzgar las conductas de los papas en su obra de la Historia del Papado. La traducción literal de la cita sería: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. De todas maneras, otros autores anteriores a Acton, como William Pitt “el Viejo”, o Maquiavelo, ya habían apuntado la misma idea en sus respectivas obras. Pero, ¿es esto cierto? ¿Es acaso la ostentación de poder condición suficiente para la corrupción humana? Mi defensa es clara: NO es condición suficiente, aunque sí es condición necesaria.

PODER Y ESTATUS

Lo primero que he de apuntar es que creo que mucha gente confunde los conceptos de estatus y de poder, así que voy a tratar de aclararlo:

  • Estatus es la posición relativa que un grupo/individuo tiene respecto a otros grupos/individuos en relación a una dimensión que es valorada a nivel social.
  • Poder es el grado de control del que dispone un grupo/individuo sobre su propio destino y sobre el destino de los otros grupos/individuos.

Una persona puede tener un alto estatus social -Messi, por ejemplo- y tener relativamente poco poder hacia los demás -apenas influye en el destino de los demás aparte de que la gente quizás compre más patatas Lay’s porque él salga en un anuncio de televisión promocionándolas-.

Por otra parte, una persona puede tener un bajo estatus social -un alto cargo de una multinacional, por ejemplo- y tener en cambio un alto poder -determinar en gran medida ciertos contenidos del Boletín Oficial del Estado a través de pactos compensatorios con políticos y burócratas-.

“GRAN CAPITAL”, PUEBLO Y CLASE POLÍTICA

De hecho, esos altos cargos -o como son denominados a veces por algunos sectores, “el gran capital”- suelen tener más poder sobre el BOE que los propios políticos y burócratas, ya que éstos últimos dependen muchas veces de la financiación de aquellos, y de otras recompensas, como las futuras de jubilación -consejos de administración y puertas giratorias, y demás-. De tal forma que, como es lógico, la clase política no responde mayormente a las demandas de su pueblo, sino que responde a los grandes empresarios con los que tienen negocios “turbios” y de los cuales es bastante dependiente.

Llegados a éste punto hemos de reconocer que los políticos dependen también de su pueblo, en tanto en cuanto necesitan que éste les vote, y que por tanto, sí existe cierto poder por parte del pueblo hacia sus gobernantes.

Aunque en realidad –esto daría para otro artículo por lo menos- si consideramos el hecho de que el grupo dominante –clase política- ha conseguido alienar a su población, haciendo coincidir sus propios intereses político-económicos con un etéreo bien común con el que el pueblo se identifica –ostentando hegemonía ideológica-, entonces el supuesto poder que tienen los gobernados frente a los gobernantes no es tal, de facto.

DEMOCRACIA VS. OLIGARQUÍA

En todo caso, reconocemos una cierta tensión por parte de los Gobiernos entre la dependencia que tienen hacia su pueblo y la dependencia que tienen hacia sus amigos empresarios compra-favores. De tal forma que, actualmente se podría decir que la democracia –que es el Gobierno “de los muchos” o de la mayoría, del pueblo- se da cuando el Gobierno depende más de su pueblo que de sus amigotes de alto standing –porque el pueblo tiene más poder sobre el Gobierno que la élite empresarial sobre el mismo-. Por contrapartida, podríamos denominar a un Estado como oligárquico cuando el Gobierno lo ha puesto al servicio de la minoría de privilegiados que hemos ido comentando. El fenómeno de pasar de un Estado democrático a uno oligárquico se conoce como corrupción institucional.

PODEMOS EN BUSCA DE LA “DEMOCRACIA ROBADA”

Esto me lleva inexorablemente al discurso de la élite de Podemos, que en este sentido tiene su razón de ser en lo que veníamos diciendo. Ellos dicen que el Estado español no es democrático, que nos han “robado la democracia”. Si la democracia consiste en que –como comentamos en el apartado anterior- el pueblo tenga el poder -en este caso, a través de los partidos políticos-, significa que solo hay democracia cuando es el pueblo quien determina mayormente las decisiones de dichos políticos. Como hemos visto que esto no es generalmente así, y que las decisiones políticas en España son determinadas en gran medida por un grupo de privilegiados, tiene más sentido hablar de país oligárquico que de país democrático, independientemente de que se vote cada 4 años. Y si además tenemos en cuenta que los dos partidos hasta ahora hegemónicos han operado de la misma forma… No hay mucho margen para poder denominar como “democrático” al Estado español.

Así que, sin entrar en valoraciones éticas o ideológicas, conceptualmente Pablo Iglesias y compañía llevan razón en este aspecto de su discurso. Ahora bien, si hemos visto generalmente, que cuanto más poder tienen los políticos, más corrupción existe, y por tanto, menos democrático es –más oligárquico-, lo que habría que hacer –siguiendo la lógica y si se quiere un país democrático- es reducir dichas esferas de poder, no aumentarlas tal como ellos proponen.

CULTURA MODULADORA

Adicionalmente, comentar que también existen factores culturales importantes –y que por tanto, varían según la cultura que observemos-, como por ejemplo, la aversión al riesgo o dicho de otra manera, de hasta qué punto los políticos se la jugarán para obtener rentas extraordinarias ilícitas, teniendo en cuenta el castigo popular que pueda conllevar el descubrimiento de dichas actividades. Otros factores culturales moduladores podrían ser la vigilancia que un pueblo tiene sobre sus gobernantes –lo que aumenta el riesgo a ser descubierto-, la pureza moral o sentimiento del deber que tengan los gobernantes a la hora de ejercer su profesión –es decir, cuán en serio se tomen su labor- y el altruismo –pensar también en el bienestar ajeno-.

CORRUPCIÓN E INFIDELIDAD

Podríamos hacer una cierta comparación explicativa entre corrupción política e infidelidad matrimonial para ejemplificar un poco todo lo comentado hasta ahora -la comparación es parcial, no total, sólo en los términos que hemos ido manejando-. Imaginemos a una pareja casada, la cual tiene un pacto explícito y formal de relación sentimental recíproca, donde se acuerda la exclusividad sexual –el símil sería el del gobernante en relación a su pueblo, elegido mediante un “pacto” formal, las elecciones y juramento de la constitución-.

Supongamos que la mujer -aunque el ejemplo valdría también para el hombre- de la relación –el gobernante- es muy guapa y con una personalidad atractiva –tiene mucho poder-. Está claro que su belleza y personalidad –su poder- hará que muchos otros chicos –lobbies- ajenos a la relación tengan interés por acercarse y mantener relaciones emocionales y sexuales. Además, si la mujer sale de copas una noche, y se pone un vestido ajustado, se maquilla y demás, haciendo que sea percibida por los demás como más atractiva esa noche –aumenta su poder- es más probable que más chicos se le acerquen para intentar cortejarla –más lobby- y que además haya más insistencia y ganas por parte de éstos –más recursos están dispuestos a gastar, más coste, ya que el beneficio es mayor-. De esta manera, está claro que el incentivo a ser infiel –corromperse- por parte de la mujer –gobernante- aumenta, ya que aumentan las recompensas potenciales o incentivos.

A partir de aquí, entran en juego algunos factores clave: ¿hasta qué punto está dispuesta a arriesgarse a ser descubierta por su marido? ¿Hasta qué punto siente una responsabilidad moral de mantenerse fiel para con su marido? ¿Hasta qué punto ella es consciente de que su marido la vigila? ¿Hasta qué punto la mujer se toma su relación como una inversión de tiempo y esfuerzo para el largo plazo? ¿Hasta qué punto valora como satisfactoria su relación matrimonial? Y además, ¿hasta qué punto los chicos intentarán flirtear con ella si saben que su marido les puede traer muchos problemas si los descubre?

¿QUÉ PODEMOS HACER AL RESPECTO?

Una vez hemos visto lo que es realmente el poder –un medio de control-, la corrupción –el uso del poder para fines personales ilícitos, motivado por recompensas lobbistas- y las variables que generalmente operan alrededor del político, podríamos establecer soluciones de dos tipos, cualitativamente distintas:

  1. De motivación extrínseca o estructura de incentivos:
    1. Mayor recompensa por la labor política –> salarios y recompensas notorias –> los lobbies tendrán que ofrecer una recompensa aún mayor que la actual para poder corromper a los políticos.
    2. Mayor castigo ante la corrupción para políticos y lobbies –> castigos duros ante la corrupción que aumenten la aversión al riesgo –> el beneficio potencial que esperen obtener los políticos y los lobbies en cooperación conjunta tendrá que ser mayor que antes para compensar el potencial castigo si les descubren.
    3. Mayor vigilancia política por parte de la ciudadanía –> mecanismos de transparencia e información –> aumenta la probabilidad de que sean descubiertos, lo que aumenta aún más la aversión al riesgo y por tanto, el potencial beneficio que esperen sacar de los negocios con los lobbies debería ser aún mayor que antes.
  1. De motivación intrínseca o moral-cultural:
    1. Sentimiento del deber –> fomentar a nivel cultural la importancia de la honorabilidad en la labor gubernamental y de gerencia.
    2. Altruismo y comportamiento prosocial –> fomentar a nivel cultural la preocupación por el bienestar del prójimo.

Evidentemente, esto debe complementarse con una profunda reducción del poder político a los mínimos que se consideren como indispensables, ya que sin duda, como bien dicen: “es mejor prevenir que curar”.

En definitiva: reducir las esferas de poder político a los mínimos “necesarios”, facilitar el descubrimiento de conductas corruptas, castigar dichas conductas corruptas una vez descubiertas, aumentar las recompensas a los políticos honorables y fomentar culturalmente la honorabilidad exigida al Gobierno y las conductas prosociales y altruistas.

Todo esto lo que hace es disminuir la rentabilidad y motivación de las conductas corruptas tanto para los políticos como para los lobbies, aumentando los costes y riesgos.

MORALEJA

  1. Cuanto más poder tienen los políticos…
  2. más rentable les sale a las grandes empresas hacerles lobby, así que…
  3. más dinero y recursos estarán dispuestas a depositar en éstos, entonces…
  4. más probabilidades habrá de corrupción, lo que nos lleva a que finalmente…
  5. habrá más corrupción.

No hay que confundir la correlación -que cuanto más poder tienen los políticos, más corrupción hay- con la causalidad -que sea el poder en sí mismo el que cause la corrupción de los políticos-.

No es el poder lo que les corrompe, sino las recompensas crecientes –y por tanto, los incentivos- que se les ponen delante por parte de los lobbies.

Adrián FernándezAdrián Fernández
Estudiante de psicología en la UB. Estudio autodidacta de filosofía, ciencia política y ciencia económica. Anarcocapitalista. Blog personal: Anarquía de Mercado.

1 Comment

  1. Libertarian 16 julio, 2015 Reply

    A más funcionarios y políticos más entidades corruptibles.
    Muy buen artículo

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


tres + 7 =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>