El eje Derecha–Izquierda en política: la disputa por el sentido común

izquierda-derecha

Hace algún tiempo un compañero mío de SFL Barcelona publicó un artículo sobre la temática política del eje izquierda vs. derecha. Estando de acuerdo con él en lo fundamental me gustaría ampliar un poco el análisis y tratar de dilucidar algunos problemas que hemos tenido en este país con respecto a ello, y lo que cabría esperar en el futuro.

Primero de todo hemos de decir que “izquierda vs. derecha” es una dimensión comparativa intergrupal. Me explico, es una dimensión conceptual abstracta que nos permite (según definamos los atributos de cada polo), situar a una serie de grupos o categorías sociales dentro de un mismo “plano”, habilitando de esta forma la comparación entre estos: “tu partido es más de derechas que el mío”, “eres un radical de extrema izquierda”, etc. Estas dimensiones comparativas comunes en base a atributos diferenciados son extremadamente útiles para las personas, puesto que un grupo jamás existe en el vacío, sino que existe en interrelación e interacción con otros grupos, con los cuales coopera, compite, se asemeja, se diferencia, etc.

Ahora bien, la clave aquí está en que estas dimensiones comparativas no son estáticas, no son universales, sino que están en constante disputa por su definición social. Esto fue algo que advirtió el psicólogo social Henri Tajfel en su teoría de la identidad social, y que también advirtieron los posmarxistas como Chantal Mouffe o Ernesto Laclau y su teoría sobre los significantes flotantes o vacíos. Tanto los liberales de toda la vida como los marxistas ortodoxos negaban esta realidad, actuando bajo dimensiones estáticas y pretendidamente universales.

Bien pues, resulta que lo que se denomina “eje derecha-izquierda” es algo cognitivo y socialmente cambiante, donde además, hay personas que tienen mayor o menor influencia sobre la dotación de significación concreta o de atributos sobre los polos de dicho eje. Dicho de otra manera, hay personas en una sociedad dada que tienen mayor influencia a la hora de determinar qué es lo que la gente entiende por derecha y por izquierda. Estas personas suelen ser personajes públicos de influencia, políticos, intelectuales, periodistas, profesores, etc.

Dichas dimensiones comparativas son las reglas del juego, que como he dicho, nunca están totalmente definidas, siempre están en disputa. La hegemonía de la que hablaba Antonio Gramsci es precisamente ese ejercicio de poder, de determinación, de capacidad para hegemonizar a través del discurso, de determinar las reglas del juego de manera socialmente generalizada y más o menos estable en el tiempo, ganándose la aceptación social y la legitimidad popular, bien sea para legitimar un statu quo concreto (clase dominante, de elevado estatus y poder) o para legitimar un cambio estructural (clase sometida, de bajo estatus y poder).

EL PROBLEMA DEL LIBERAL EN ESPAÑA

Dicho lo anterior, hay que entender varias cosas. La primera es que generalmente el eje izquierda-derecha se le ha dotado de varios atributos que diferencian cada polo: progresista (izquierda) – conservador (derecha) y socialista (izquierda) – liberal (derecha). La segunda es que estos elementos aunque al principio estuviesen diferenciados, en España (y generalmente en la Europa occidental) se han integrado ambos atributos en el único eje izquierda-derecha. De tal forma que si eres de izquierdas eres un socialista-progresista, y si eres de derechas eres un liberal-conservador. Esto tiene fuertes repercusiones porque excluye prácticamente de las percepciones de la gente el hecho de que puedan existir liberales-progresistas o socialistas-conservadores (que los hay, por supuesto). Además, dicha integración de ambos atributos en un solo eje viene naturalizada por los dos principales partidos o bipartidismo: PP como representante moderado del polo liberal-conservador y PSOE del socialista-progresista.

EL TEMA DE LA CENTRALIDAD

Ahora bien, podría parecernos que en los últimos años, en España, dicho eje izquierda-derecha empieza a colapsar y a quedar obsoleto con la emergencia de partidos nuevos. No sería del todo cierto plantear tal cosa. Lo que ha colapsado son los atributos que definían el eje y dimensión comparativa. Esto es, los atributos socialista-progresista como izquierda, y liberal-conservador como derecha, dejan de sernos útiles a día de hoy para situar a los nuevos partidos, e incluso a los viejos, debido al manifiesto acercamiento y convergencia entre PP y PSOE a lo largo de los años. Y dejan de sernos útiles porque ya no nos permiten configurar un eje comparativo donde podamos situar a todos los partidos y compararlos entre sí de manera entendible.

Y esto es muy importante porque (según la teoría de la auto-categorización del self de Turner, que complementa a la teoría de la identidad social de Tajfel), las personas nos identificamos con dichos grupos y categorías, insertándonos en esos ejes comparativos compartidos, de tal forma que obtenemos un resultado valorativo, del cual se deriva parte de nuestra autoestima. Es decir, todos queremos pertenecer a categorías sociales o grupos socialmente valorados, que obtengan buenos resultados valorativos en los ejes de comparación socialmente establecidos, pues ello nos proporciona mayor autoestima en tanto que identidad social.

Pero como decía, el eje en sí mismo de derecha-izquierda, no ha muerto. De hecho ha renacido de la mano de nuevos partidos (Ciudadanos, UPyD, Podemos) un nuevo punto de referencia dentro del eje, que siempre estuvo objetivamente, pero no del todo subjetivamente (socialmente, de facto). La centralidad, que es la “moderación”, es lo “normal”, precisamente porque no es ninguno de los extremos.

PODEMOS Y LA CENTRALIDAD

Hace poco publicaba un artículo Pablo Iglesias donde precisamente trataba esto. ¿Qué pretende Podemos? Mucha gente, ingenuamente se pregunta: ¿Por qué cambian tanto estos de Podemos? ¿Son de izquierda radical? ¿Son socialdemócratas? Pues bien, son socialistas-progresistas, es decir, de izquierdas de toda la vida. Ahora bien, nacen de una izquierda española vieja y acomplejada, egocéntrica e incapaz de movilizar al pueblo y de generar acción colectiva eficaz en un momento de crisis orgánica (económico-social, y política de pérdida de legitimidad del régimen).

Las teorías psicológicas sociales anteriormente mencionadas (Tajfel & Turner) predicen que cuando un grupo obtiene una comparación social negativa (en este caso, la izquierda), que además ven la situación como ilegítima y con posibilidad de cambio, y que perciben las fronteras con el otro grupo (casta) como impermeables, entonces se producirán fenómenos de acción social o colectiva. En concreto, tres de ellos:

  • La creatividad social es un proceso por el cual los miembros del grupo proponen nuevas dimensiones de comparación, que les permitan tomar ventaja respecto a los otros grupos: “los de arriba vs. los de abajo”, o lo que es lo mismo, “casta vs. pueblo”. Esta estrategia concreta viene dada también por la concepción del eje dimensional amigo-enemigo que Carl Schmitt postula como condición necesaria para lo político y para el cambio estructural en las relaciones de estatus y poder entre los colectivos sociales.
  • La redefinición de atributos es un proceso por el cual los miembros del grupo reconvierten el valor de los atributos, y los atributos mismos, de la dimensión comparativa, a fin de tomar ventaja respecto a los otros grupos dada la nueva configuración de los ejes: “la centralidad (de ‘sentido común’) ahora significan políticas sociales de gasto público, subir los impuestos a los ricos, ‘democratizar’ la economía, etc.”. Además, este movimiento del eje para llevar al “centro” lo que anteriormente había sido la izquierda socialdemócrata europea, está determinado por factores contextuales concretos de crisis del llamado Estado del Bienestar, sobre todo en los países periféricos del sur de Europa.
  • La competición social es un proceso por el cual los miembros del grupo plantean una competición abierta y directa con los otros grupos (con “la casta”) a fin de mejorar su posición de estatus social: entrada en el sistema de partidos de la democracia representativa para competir contra ellos en terreno hegemónicamente enemigo. Aunque esto plantea contradicciones internas ya que necesitan entrar en el aparato estatal y en el juego democrático de partidos, con sus dinámicas y normas particulares que les hacen adoptar una forma jerarquizada de partido y un potente liderazgo mediático.

De esta manera partidos como Podemos (que son los que mejor lo están haciendo en este terreno) lo que están haciendo es rediseñar el tablero de juego, reconfigurar las normas y dimensiones de valoración social existentes, ostentando la hegemonía ideológica, de tal forma que se coloquen en una posición percibida como socialmente aventajada y mejor valorada respecto al resto de colectivos y partidos políticos, y obligando además, a que sus enemigos tengan que usar sus mismos términos y dimensiones (todos los partidos usando el concepto “casta” y la dimensión pueblo-casta, etc.). Este proceso de cambio estructural les es factible debido precisamente a las circunstancias concretas que lo facilitan, e incluso, que lo hacen posible (crisis orgánica social, económica y política). Y en ese terreno justamente, los liberales (los de verdad, no el PP) hemos estado casi ausentes. “Si tú no haces política, te la hacen otros”. Pues eso. La política va más allá de los partidos. Se configura en lo social y en la cultura misma a través de los dispositivos de socialización influyentes de hoy en día (medios de comunicación de masas o mass media, por ejemplo).

COMUNISMO VS. FASCISMO COMO EXTREMOS DEL EJE: UNA FALSA ILUSIÓN

Finalizo con un tema distinto pero que me parece relevante. Lo dicho anteriormente nos lleva a considerar los polos extremos de la dimensión o eje izquierda-derecha. Es bien sabido que en general (socialmente, y muchas veces, académicamente) se incluye en extrema izquierda al comunismo y en extrema derecha al fascismo. Ahora bien, dados los atributos señalados antes que nos hacían definir el eje y los polos, deberíamos concluir en que los más radicales liberal-conservadores eran los fascistas y los más socialistas-progresistas eran los comunistas. Pero esto, evidentemente, no es cierto. Los fascistas no eran liberales, aunque sí conservadores, y los comunistas tampoco solían ser progresistas en la práctica, más bien conservadores. De tal forma que para poder comparar ambas ideologías necesitaríamos otras dimensiones comparativas más complejas, de tipo nacional, de Estado, etc.

Esto podría parecer una ingenuidad o banalidad pensarlo pero, si nos fijamos a qué se le ha llegado a denominar hoy día como fascismo: al BCE, FMI, Bruselas, etc. Instituciones que en el “imaginario colectivo” son liberales (aunque no lo son, ni de lejos) o neoliberales. Además, una de las obras más destacadas de Lenin se titula: El imperialismo, fase superior del capitalismo. Evidentemente habría que matizar lo que Lenin entiende por capitalismo, pero la idea se aproxima. Tampoco son pocas las veces que he visto la tesis en diversos papers de que el fascismo no es más que una reacción en tiempos de crisis orgánica para salvar al capitalismo de los “rojos peligrosos”…

En definitiva, cuando la gente dice lo de “los extremos se tocan”, es mentira, pero es la percepción que se tiene de que fascismo y comunismo se asemejan (históricamente) en multitud de aspectos (Estado totalitario, nacional, conservador, etc.), y que a su vez, según los ejes de comparación socialmente establecidos, son polos opuestos: es decir, para la gente, ambas ideologías son parecidas pero opuestas. Vaya aparente paradoja… La frase pues de que “los extremos se tocan” es un intento forzado de resolverla. De hecho otro compañero de SFL Barcelona se explaya en algunas de estas cuestiones de similitud entre estas ideologías en este artículo.

RESUMEN Y CONCLUSIONES

En resumidas cuentas, podemos decir que los ejes comparativos intergrupales (como el de derecha-izquierda) y los atributos o características que determinan sus polos, son elementos dinámicos a nivel social de imaginario colectivo, que están en disputa política continua por los diversos colectivos, de tal forma que cada actor social-político pretende crear hegemonía para legitimar una posición de estatus aventajada dentro del conjunto de grupos en interrelación, y que por tanto, los liberales no deberíamos negar este hecho, y actuar consecuentemente.

Hay que usar los significantes flotantes existentes (democracia, libertad, pueblo, casta, etc.) que determinan los ejes o dimensiones sociales actuales, en un discurso legitimador y aglutinador de mayorías sociales, teniendo en cuenta el contexto actual de crisis, y que nos permitan articular los distintos ejes comparativos (como derecha-izquierda, pueblo-casta, etc.) y sus atributos, de tal forma que nos sitúe en una posición socialmente aventajada y dejemos de ser minoría social de una vez por todas. Evidentemente, para cualquier liberal que se precie, el discurso debe ser articulado desde la idea de la reducción del tamaño del Estado y del poder político (para reducir a su vez el poder económico lobbista), y su ilegitimidad de posición y estatus como autoridad suprema.

Adrián FernándezAdrián Fernández
Estudiante de psicología en la UB. Estudio autodidacta de filosofía, ciencia política y ciencia económica. Anarcocapitalista. Blog personal: Anarquía de Mercado.

1 Comment

  1. Arturo Goosnargh 5 junio, 2015 Reply

    Si le funciona a Podemos solo tengo 2 reservas:

    1. Tu ne cede ante malis
    2. Me falta ver un discurso liberal, con un resumen en un párrafo bastaría, construido únicamente sobre significantes flotantes y convencerme de que podría funcionar.

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