Educación libre: pasado, presente… ¿y futuro?

llibertat educativa III

En numerosas ocasiones he explicado que hay que acabar con el sistema público de educación porque dificulta la libertad de elección, porque es imposible que se ajuste a las preferencias y necesidades de cada estudiante y de cada familia, porque frena la innovación en el sector educativo y, en el caso concreto de España, tiene incentivos perversos y es poco eficiente. El sistema que propongo es, resumiendo, un modelo en el cual la educación es totalmente privada y libre de la influencia y regulación del estado. El único papel del estado en el ámbito educativo, previa bajada brutal de impuestos a todos, debería ser el de financiar, mediante el cheque escolar, la educación de los hijos e hijas de aquellas familias que no puedan pagársela con sus propios recursos, aunque incluso la iniciativa privada podría cumplir esta labor subsidiaria. Constantemente se me plantean críticas a este sistema, críticas que intento responder lo mejor posible. Sin embargo, suele pasar que los lectores me pidan ejemplos prácticos de educación libre. En este artículo, nos centraremos en las experiencias históricas de Inglaterra y Gales en el siglo XIX y en el caso actual de la India que, dentro de lo que cabe, tiene un modelo bastante libre. Podría haber incluido más ejemplos, pero por tal de que el articulo no sea excesivamente extenso, me voy a centrar solamente en estos casos.

Educación libre en el pasado: el caso de Inglaterra y Gales

¿Cómo se imagina el lector la educación en Inglaterra en el siglo XIX? Supongo que la mayoría de ellos se imaginan solamente unas pocas escuelas exclusivamente para los hijos de la burguesía, los únicos que se podían permitir escolarizar a sus hijos, mientras que la gran mayoría de la población era analfabeta. A muchos lectores, al acabar de leer estas líneas se sorprenderán al ver cuan equivocados estaban.

La educación en la Inglaterra y Gales de esa época era totalmente privada, no existía todavía la escuela estatal, pero los resultados no eran horrorosos, como algunos podían pensar. El padre de John Stuart Mill, James Mill, escribía en 1813 que alrededor de Londres, en un radio de 50 millas, pese a no ser de las zonas más instruidas del Reino Unido, era muy difícil encontrar un pueblo sin escuela y niños y niñas que no fuesen enseañados al menos a leer y escribir. La educación de los niños y niñas era financiada por sus familias; después de los bienes de consumo imprescindibles para sobrevivir, la educación era la siguiente prioridad. Según James Mill: «We have met with families in which, for weeks together, not an article of sustenance but potatoes had been used; yet for every child the hard-earned sum was provided to send them to school» (West, 1994). Es decir, en esa época la escolarización estaba ya bastante generalizada y las familias, que conocían la importancia que tenía la educación, pagaban las escuelas de sus hijos de su bolsillo, ya que priorizaban la educación de sus hijos por encima de cualquier otro bien de consumo que no sea de extrema necesidad. El número de estudiantes en las escuelas de Inglaterra y Gales se dobló en doce años, desde 1818, y casi se se cuatriplicó desde entonces hasta 1858. Es importante destacar que la tasa anual de crecimiento del número de estudiantes diarios en las escuelas siempre superó a la tasa anual de crecimiento de la población. Todo esto, sin ningun tipo de intervención del gobierno, ni siquiera para subsidiar a los estudiantes.

El espectacular crecimiento de la población sorprendió a los propios británicos. Quien llegó a ser Lord Chancellor, Henry Brougham, del partido Whig, llegó a la conclusión, a medianos de los años 30, que dado el número de escuelas y dados los recursos educativos cubiertos por las familias provenientes de sus propios ingresos, era necesario ir muy con cuidado a la hora de intervenir en un sistema (el educativo) que estaba prosperando muy bien por si mismo. Brougham avisaba de esto ya que se estaba proponiendo subsidiar gubernamentalmente la educación para hacerla más accesible, pero él, con razón, tenía miedo de que para financiar esos subsidios, las clases trabajadoras tuviesen que pagar más impuestos, imposibilitando que esas familias pudiesen pagar los estudios de sus hijos de su bolsillo, como lo llevaban haciendo hasta ahora, y más cuando el sistema impositivo de esa época era bastante regresivo. Según este estadista, si el estado crea un sistema público de educación, la educación privada acabaría siendo residual por el hecho anteriormente expuesto y, además, «There would be ultimately be not net increase in the growth of schooling but simply a change in the pattern of the existing provision» (West, 1994). En esos momentos, con una casi nula intervención estatal en la educación, alrededor del 70% de la población inglesa y galesa estava alfabetizada. Lo confirmó James Mill, afirmando que la alfabetización entre las clases bajas era un hecho y que era común que las clases humildes supieran escribir, leer y cálculo básico.

Pese a las advertencias de Brougham, ya en la década de los 50, el gobierno ya había empezado a hacer alguna intrusión en el ámbito educativo, aunque muy menor. El gobierno todavía no había instaurado un sistema generalizado de state-funded schools pero sí subsidiaba algunas escuelas, con mayor o menor intensidad. En 1851, el 85% de los estudiantes asistía a escuelas privadas y el 15% restante acudía al resto de escuelas que podríamos llamar concertadas, para utilizar la terminología del sistema educativo español. Sin embargo, no se contamplaban grandes diferencias entre los resultados de ambos tipos de escuela, aunque la escuela privada lo hacía a un coste menor: la privada costaba dos tercios del coste de la concertada, es decir, eran más eficientes (Mitch, D.F, 1992).

A finales de la década de los 50, con solamente una mínima e irrelevante intervención del estado, el 95% de los niños ya estaban escolarizados (Royal Comission on Education, 1861). En el informe redactado por la Royal Comission on education podemos leer:

«The proportion of children receiving instruction to the whole population is, in our opinion, nearly as high as can be  reasonably expected [1:7.7]. In Prussia, where it is compulsor, it is 1 in 6.27 (…) in Holand it is 1 in 8.11; in France it is 1 in 9.0. The presence of this proportion of the population in school implies (…) that almost every one receives some amount of school education at some period or other. (…)»

Los subsidios que recibían las familias más pobres para educar a sus hijos eran mayoritariamente de fuentes privadas (66%), y solo un tercio era ayuda gubernamental (West 1983), por lo que es de esperar que sin subsidios estatales y, por lo tanto, menos impuestos, la ayuda privada la iglesia, organizaciones de ayuda mútua, filantropía y otras hubiese alcanzado el 100%.

No obstante, finalmente ocurrió lo inevitable: el gobierno intervino cada vez más intensamente en educación, financiándola y regulándola. La intervención del estado en la educación fue como subirse a montar un caballo que ya estaba galopando por si solo. Sin la intervención del estado, y sobre todo acompañado por la creación de riqueza y mejora de la economía inglesa, el caballo de la educación privada hubiese seguido galopando durante muchas décadas más, muy probablemente a un ritmo mucho mayor que el de las escuelas subvencionadas y reguladas por el gobierno. Durante la Revolución Industrial y las décadas posteriores, se buscaba alfabetizar y disciplinar a los trabajadores. Se necesitaba que los futuros trabajadores aprendieran unas habilidades muy automáticas y mecanizadas; a parte de esto, lo necesario era escribir, leer y tener unas nociones de cálculo básicas. En ese momento, el modelo privado y libre de educación en Inglaterra se ajustó perfectamente a esta necesidad, disparando el índice de alfabetización en ese país. Funcionó bien. Actualmente, ya hemos dejado atrás la necesidad de esas habilidades senzillas y rudimentarias. Para el mundo de hoy se necesitan otro tipo de conocimientos y habilidades: creatividad, espíritu empresarial, trabajo en equipo, comunicación, resolución de problemas y conflictos… El sistema financiado e intervenido por el estado apenas ha innovado, sigue usando los mismos métodos y prácticamente los mismos currículums que cuando lo que se demandaba era simplemente saber a escribir, leer y calcular. El mundo ha cambiado, la escuela estatal no lo ha hecho. Si el gobierno nunca hubiese intervenido en la educación y los ingleses hubieran continuado teniendo un modelo de educación libre ¿se hubiese adaptado la escuela a los nuevos tiempos? No lo duden.

En resumen, hemos podido ver como una educación bastante libre tuvo éxito en la Inglaterra del siglo XIX: se disminuyó el analfabetismo, se incrementó el número de niños y niñas que asistían a clase y quien más, quien menos, tenían un dominio suficiente de las reglas matemáticas básicas, de la escritura  y de la lectura, que eran las habilidades más demandadas en la época. En otras palabras, se cumplieron los objetivos que se marcó la educación entonces, cosa que no ha podido cumplir la escuela estatal en nuestros tiempos.

Educación libre en el presente: el caso de la India

Si sales a la calle y preguntas a la primera persona que te encuentres cómo cree que es la educación en India, seguramente te dirá algo parecido a la creencia que se tiene de la educación en la Inglaterra del siglo XIX: la mayor parte de los niños son analfabetos pero existe una clase alta culta ya que esta tiene una gran cantidad de recursos económicos para escolarizar a sus hijos en buenas escuelas. De nuevo, la realidad difiere bastante de las creencias populares.

En India convive un sistema de educación pública con un modelo de educación privado. No podemos considerar como libre el sistema en general, pero sí podemos denominar así a la educación privada. La enseñanza privada en India cuenta con casi un tercio de los estudiantes, pero si nos fijamos en las áreas urbanas como Hyderabad cerca del 65% de los estudiantes asisten a centros privados sin ninguna subvención pública (casi 75% si contamos a los que sí).

Las escuelas privadas en la India se suelen agrupar en federaciones con la intención de darse apoyo mútuo, compartir materiales, solucionar problemas y controlar la calidad de la enseñanza. Vamos a centrarnos en la Federation of Private Schools Management, Hyderabad, que ha sido la federación de la cual he encontrado más datos. Para ver cómo la educación privada es fácilmente accesible, basta observar los precios de esos colegios y compararlos con el salario medio. De los 13 centros de esa asociación encuestados por James Tooley, el más barato tenía una tarifa de entre 0’60 y 0’83 dólares, mientras que el más caro tenía una cuota de entre 3’57 y 4’76 dólares mensuales. El salario medio mensual de India es de 295 dólares, por lo que la educación privada a una familia le cuesta una parte pequeñísima de su salario (aunque las cifras del salario medio sean antes de impuestos, la cantidad que se paga por una plaza en la escuela, sigue siendo muy menor). Las escuelas privadas, además, suelen reservar algunas plazas para los alumnos más pobres, los cuales pueden estudiar gracias a una beca privada. Queda claro pues que la solidaridad no siempre viene forzada por el estado sino que, en ausencia de él, tiende a surgir de forma espontánea y voluntaria.

Las escuelas privadas son más baratas en parte por los salarios de los profesores. Los sueldos en las escuelas privadas urbanas pueden llegar a ser la mitad que en las escuelas públicas y hasta diez veces menos en las áreas rurales, donde tanto los sueldos en general como el coste de vida es más bajo. Los salarios de los profesores en la escuela privada se sitúan, pues, por debajo del salario medio del país. La mayoría del gasto educativo va destinado al personal: si los salarios en las escuelas privadas fuesen mucho más altos, difícilmente las familias se podrían permitir pagar las cuotas de los centros privados, que pasarían a ser más caros. Sin embargo, como veremos a continuación, esto no afecta al nivel de los estudiantes de la escuela privada.

Volvamos al inicio… En Hyderabad, la mayoría de la población asistía a centros privados… La pregunta es ¿por qué los pobres de Hyderabad, en lugar de asistir a la escuela pública, que es gratis, pagan a sus hijos una escuela privada? Cierto es que las escuelas privadas son muy baratas, pero no son gratis. ¿Por qué la mayoría de pobres elige la privada?

En primer lugar, porque las familias perciben que las escuelas privadas ofrecen una mejor calidad en la enseñanza. Y, si observamos las calificaciones en inglés y en matemáticas en Hyderabad, parece que es verdad. En ambas disciplinas, la escuela privada obtiene mejores resultados que la pública, con diferencia.

La diferencia en la calidad de la enseñanza no solo se observa en los resultados, sino que, por ejemplo, los estudiantes en la privada disponen de más horas de docencia y les enseñan un mayor rango de asignaturas, además de estar más ajustadas a las necesidades y preferencias de los padres y madres. La transparencia de las escuelas privadas también es un punto a favor.

Una cuestión importantísima es el idioma. Las escuelas privadas suelen enseñar en inglés, cosa que las familias valoran al ser una lengua de crucial importancia para el futuro, sobre todo de cara al mercao laboral. En cambio, en la educación pública, los centros suelen enseñar la lengua local, ya que la constitución del país reconoce el derecho de las familias en estudiar en ese idioma.

Las prestaciones de un tipo de escuela y de otra son muy distintas, y la privada sale ganando de nuevo. La mayoría de centros privados dispone de agua potable, sillas, electricidad y aseos; el porcentaje de centros públicos con estas prestaciones es mucho menor. En cuanto a biblioteca, y ordenadores, la privada también supera a la pública, aunque sean dos elementos que todavía no se han generalizado lo suficiente. Por otro lado, el absentismo del profesor es mucho más elevado en el caso de la escuela pública.

Como apunte interesante, la tasa de alfabetización de la India ha incrementado en cuarenta años de forma espectacular, pasando poco más del 30% a más del 70%. Todavía queda mucho por hacer, pero la tendencia es positiva.

En resumen, pese a que en India existe un sistema público de educación, la educación privada que existe es realmente libre (incluso algunas escuelas privadas de calidad no están «admitidas» por el gobierno) y tan barata que es fácilmente accesible por todos. Además, las escuelas privadas acostumbran a reservar plazas para que aquellos estudiantes más pobres de la zona, puedan estudiar gratis. La educación privada en India, a parte de contribuir claramente a bajar el analafabetismo en el país, ha traído consigo una intensa competencia entre escuelas (algunas de ellas son escuelas con ánimo de lucro), que ha permitido, dentro de lo que cabe, innovar, adaptarse a las necesidades y preferencias de las familias, reducir costes y, sobre todo, obtener mejores resultados y ofrecer mayor calidad. Sin duda, aquí tenemos otro ejemplo de cómo una educación libre, independiente del estado, tiene más exito que un sistema público de educación.

Educación libre… ¿en el futuro?

Hemos visto que en Inglaterra les funcionó en su momento, de la misma forma que India está teniendo éxito a día de hoy. Igual que en estos dos territorios, muchos otros países han disfrutado y disfrutan de las ventajas de una educación libre, ya sea total o no. Muchos se preguntarán si España contará en un futuro con una educación libre. Eso nadie lo sabe. Lo dudo mucho, pero en realidad depende de todos nosotros. Pese a que soy pesimista, si los individuos consiguieran cambiar la mentalidad, pensar no solo fueradel estado sino contra el estado, la libertad educativa podría llegar a ser una realidad. Dependerá de nosotros. ¿Queremos un sistema eficiente y barato o un modelo ineficiente y derrochador? ¿Queremos elegir nosotros la educación de nuestros hijos o preferímos irresponsabilizarnos de algo tan crucial? ¿Queremos un sistema flexible y que se adapte a nuestras necesidades y las de la sociedad o optamos por un modelo rígido, basado en un modelo fabril y que solo sea posible cambiarlo mediante mayorías parlamentarias? ¿Queremos un marco para la experimentación o lo queremos para la obediencia? Si en las anteriores pregunas has elegido la primera opción, congratulémonos, estaremos un paso más cerca de la libertad en un ámbito tan fundamental como lo es el de la educación.

Referencias

- Mitch, D.F. 1992. The Rise of Popular Literacy in Victorian England: The Influence of Private Choice and Public Policy. University of Pennsylvania.
– Rallo, Juan Ramón. 2014. Una Revolución Liberal para España. Deusto.
– Royal Commission on Education. 1861. Report of the Commissioners Appointed to Enquire into The State of Popular Education in England.
– Tooley, James. 2002. Education in the Voluntary City, The Voluntary City, The Independent Institute.
– Tooley J., and Dixon P. 2005. Private Education is Good for the Poor: A Study of Private Schools Serving the Poor in Low-Income Countries. Cato Institute.
– West, E.G. 1983. Nineteenth-Century Educational History: The Kiesling Critique. Econmic History Review 36:426-34.
– West, E.G. 1994. Education without the state, Economic Afairs.
– West, E.G. 1994. Education and the State. Indianapolis: Liberty Fund

[No he consultado todas las referencias directamente, a algunas de ellas he accedido ellas indirectamente mediante otras obras]

Coro XandriCoro Xandri

Quasi-anarquista.

Blog: http://www.elshowdetruman.com/

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