Dando aire a la Anarquía de Mercado (Parte I)

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Existe hoy día un debate de fondo entre liberales bastante fructífero e importante a mi forma de entender. Este es, el debate sobre si para el desarrollo del libre mercado es necesario un Gobierno estatal, o no. Hay tres posturas distintas aquí: los que asumen que el Gobierno es un bien necesario, los que asumen que es un mal necesario y los que asumen que es un mal innecesario.

  • Los primeros (bien necesario) suelen ser los liberales clásicos y los objetivistas, los cuales ven en el Gobierno un ente imparcial y objetivo, que está por encima de todos los individuos, y que se encarga de proteger nuestras libertades y garantizar nuestros derechos individuales básicos (vida, propiedad y libertad) frente a los posibles agresores, a través de la organización monopolista y coactiva del Estado.
  • Los segundos (mal necesario) suelen ser los libertarianos minarquistas, que basándose, entre otras cosas, en argumentos de la Public Choice School y de Behavioural economics admiten que el Gobierno gestiona el Estado en favor de ciertos grupos de presión y que la organización estatal (como la legislación) no es ni objetiva ni perfectamente racional. Pero por otra parte, asumen que peor sería la anarquía y el “caos”.
  • Finalmente, son los anarquistas de mercado los que asumen que el Gobierno y el Estado son males innecesarios, y que por tanto, el mercado produciría mejores leyes y protección de los derechos y libertades individuales que dicha organización territorial coactiva, inmoral e ineficiente.

INTRODUCCIÓN AL ANARCOCAPITALISMO

El anarcocapitalismo o anarquía de mercado es una filosofía política, que se adscribe al anarquismo filosófico (concretamente, a la rama individualista) desde el liberalismo radical, y por tanto acepta el derecho a la propiedad privada de los medios de producción. Así pues, es una ideología que se opone al Estado, por concebirlo como inmoral e ineficiente, y resalta el papel del libre mercado y la propiedad privada como protección de la soberanía individual frente a imposiciones colectivas, y como facilitador del cálculo económico en una sociedad dada y por tanto de su correcta asignación de recursos escasos. Todos los bienes y servicios que actualmente proporciona el Estado los pasarían a proporcionar empresas privadas, incluyendo seguridad, justicia y ley.

La anarquía de mercado suele fundamentarse desde dos puntos de vista: moral y eficiencia. Además en el plano moral conviven posiciones diversas como el iusnaturalismo (derechos naturales), el consecuencialismo, el contractualismo, etc. Básicamente hay dos escuelas de economía que fundamentan dicha anarquía: la escuela austríaca (M. N. Rothbard, H-H. Hoppe) y la escuela de chicago (D. D. Friedman). Como hemos dicho, el anarcocapitalismo bebe de varias fuentes y se fundamenta desde múltiples perspectivas. Este hecho se puede comprobar viendo que no existe un cuerpo teórico sólido y consensuado, aunque sí existen muchos trabajos independientes de múltiples teóricos de reconocimiento internacional. (Para más información véase anarcocapitalismo).

Probablemente la versión anárquica de mercado más realista hoy día es el Panarquismo: jurisdicciones solapadas en competencia sin adscripción territorial (véase las FOCJ de Bruno Frey). Es decir, multigobierno (véase también a Le Grand E. Day). Parte de una idea muy “sencilla”: si el problema del Estado y del Gobierno (tanto a nivel moral como de eficiencia) es que son entes coactivos y monopolistas, habrá que hacerlos voluntarios y en competencia. De esta forma, seguirían habiendo Gobiernos manejando “Estados” (técnicamente dejan de ser Estados pues pierden su carácter coactivo, monopólico y territorial), pero siendo estos voluntarios y contractuales. Las disputas entre afiliados a distintos Gobiernos voluntarios o entre los Gobiernos mismos serían resueltas por algo semejante a la ley de derecho internacional por tribunales privados o agencias de arbitraje (que a la vez serían voluntarias y contratadas por los Gobiernos implicados). Así pues, la Panarquía dista de ser una visión “utópica” para erigirse como la opción más realista de la anarquía de mercado que podemos concebir a día de hoy.

ARGUMENTOS CONTRA AGENCIAS PRIVADAS DE SEGURIDAD EN ANARQUÍA O MULTIGOBIERNO

Examinando detenidamente los muchos argumentos expuestos por los liberales clásicos y por los libertarianos minarquistas (Gobierno y Estado como bienes necesarios o como males necesarios respectivamente) en contra de los anarquistas (males innecesarios), nos damos cuenta de que las críticas más importantes, robustas y que merecen una solución y contestación más urgente, son básicamente dos:

  1. Teniendo la agencia privada de seguridad (APS a partir de ahora), o Gobierno voluntario, más fuerza o capacidad de dominación violenta que los ciudadanos corrientes, y sin existir un Gobierno estatal (monopolio “legítimo” del uso de la violencia y la coerción) por encima de ella que regule sus conductas inapropiadas, dicha APS podría aprovecharse de la indefensión de estos ciudadanos y actuar exigiéndoles mayores tasas o pagos frecuentes mediante violencia y coerción, o incluso, arrebatándoles sus bienes, capitales y propiedades, es decir, extorsionando a los ciudadanos de bien.
  2. No existiendo un Gobierno que a través del Estado regule las APS y que posea el monopolio legítimo del uso de la violencia y la coerción, rápidamente se desencadenaría la guerra de todos contra todos entre las distintas APS por controlar territorios concretos, provocando guerras civiles internas y constantes.

Así, ambas críticas se pueden resumir en una sola (o más bien, en un temor): sin Gobierno y sin Estado las agencias privadas de seguridad se comportarían como auténticas mafias: extorsión a los clientes y guerras entre ellas. Es decir, conflictos violentos intragrupales (APS-Ciudadanos) e intergrupales (APS1-APS2).

CONTRA-ARGUMENTOS

Voy a pasar ahora a la exposición de contra-argumentos que pretenden invalidar los postulados mencionados en el apartado anterior. Me voy a basar en la premisa expuesta por Charles Tilly en un brillante artículo, donde señala que los Gobiernos pueden ser considerados como mafias a todos los efectos, desde un punto de vista explicativo. Además, son numerosas las tesis (David D. Friedman por ejemplo) que apuntan al hecho de que el objetivo fundamental de todo Gobierno es extraer el máximo de rentas posibles de los ciudadanos de un Estado. Asimismo, mi comparación entre Estados con Gobiernos y Agencias Privadas de Seguridad de Gobierno voluntario viene justificada por el hecho de que ambas organizaciones pretenden ofrecer los mismos servicios (ley, protección, etc.) y están expuestas a los mismos problemas básicos planteados anteriormente (conflictos intragrupales e intergrupales). Dicha analogía la pudimos ver claramente cuando describimos la Panarquía, resaltando el hecho de que la única diferencia entre el multigobierno y el Gobierno estatal era “simplemente” su naturaleza voluntaria, no impositiva.

  • Respecto al primer punto (extorsión, conflicto intragrupal), no existe motivo de facto para plantearse dicha posibilidad a largo plazo ya que:
  1. Hoy en día existen Gobiernos que no tienen por encima suyo a ningún otro monopolio legítimo de violencia, y por tanto, no tienen a ningún agente que les regule. Los Estados y Gobiernos conviven entre sí en anarquía.
  2. En dichos Estados, normalmente el Gobierno no solamente tiene el monopolio “legítimo” del uso de la violencia y la coerción sino que tiene el monopolio de la violencia y la coerción, a secas. De tal modo que el ciudadano se halla completamente indefenso y desprotegido ante un ataque a su persona por parte del Gobierno.
  3. Además, en los Estados actuales, la dominación por parte del Gobierno no es voluntaria (contractual), sino que es implícita y territorial, y por tanto, si un ciudadano o grupo de ciudadanos quisiera escapar de las garras estatales, debería movilizarse físicamente fuera del Estado. Por el contrario, en una APS, la forma legitimadora es el contrato explícito y voluntario, es decir, jurisdicción no territorial o afiliación.
  4. La cantidad de Estados y Gobiernos actuales tiene una oferta restringida y limitada, lo que da lugar a posibles prácticas oligopólicas (U.E. por ejemplo), debido a la cuasi imposibilidad de nueva competencia (pocas secesiones, y casi todos los lugares de la tierra están ya ocupados por Estados). En un entorno de APS, sin adscripción territorial, se reducirían muchísimo las posibilidades de oligopolios: no se restringe la oferta.
  5. La violencia, en el largo plazo, es altamente costosa, y más en un entorno donde la reacción y el contraataque es muy factible (entorno de varias APS en competencia). Al contrario de la tesis de Hobbes sobre el estado de naturaleza, el hecho de que cada agente pueda defenderse decentemente hace decrecer enormemente el incentivo a la iniciación de la violencia contra otros, no lo aumenta.
  6. Los Gobiernos actuales socializan dichos costes de su violencia sistemática, externalizándolos al resto del Estado. Las APS, por ser una organización privada, voluntaria y con ánimo de lucro, necesariamente los internaliza, y por tanto, los incentivos a iniciar la fuerza disminuyen aún más.

En resumen, el Gobierno estatal tiene todas las armas, ninguna autoridad superior a él lo regula, externaliza los altos costes de sus acciones violentas, para escapar de él debes salir físicamente de su territorio de dominación, del Estado, y aunque salgas, caerás en otro Estado en el que manda otro Gobierno con el cual es muy probable que tenga pactos con tu Estado de origen. Por tanto, vemos que el Gobierno estatal tiene incentivos mucho mayores para acometer dichas conductas violentas de abuso temidas por algunos, que no las APS, y por el contrario, nadie parece hoy día preocuparse demasiado de que ello vaya a suceder de forma drástica. Así que, si el argumento en contra de las APS fuese válido (que no lo es), también lo sería, y en mayor medida, para criticar y temer al Estado y a su Gobierno, y por tanto, incluso aceptando la crítica, sería preferible un conjunto de APS en competencia que un Gobierno monopolista.

  • Respecto a la segunda crítica (guerra civil constante, conflicto intergrupal), tampoco es factible plantearse dicha situación a largo plazo ya que:
  1. Tal como hemos dicho en los dos puntos anteriores: la violencia es muy costosa, y serían las APS quienes internalizarían dichos costes. Por tanto, si este argumento vale para refutar el incentivo a la extorsión a largo plazo a sus clientes y ciudadanos, aún vale más para una guerra entre diversas APS, ya que el coste será mucho mayor.
  2. Tal como hemos dicho en el primer punto, los Gobiernos estatales conviven entre sí en anarquía, y no están en guerra constante. La teoría de juegos nos demuestra que agentes que tienen la expectativa de tener constantes interacciones futuras, tienden a cooperar y no al conflicto. En este caso, las APS tendrían mayores incentivos a la cooperación debido a la mayor interacción que habría entre agencias que la que hay entre Estados.
  3. Cabe destacar algo que parece que muchos liberales olvidan: la gente, en general, no es sociópata en potencia. Los sociópatas y psicópatas son una pequeñísima minoría frente la gran mayoría de ciudadanos de bien que quieren paz. De aquí viene el papel de las agencias de arbitraje, que hacen de mediadores pacíficos y de estandarizadores legislativos entre agencias de seguridad distintas. La estandarización es algo normalmente demandado en el mercado, y si se trata de leyes, con más razón todavía.
  4. Finalmente, dichas agencias de arbitraje serán escogidas entre agencias de seguridad de forma contractual y voluntaria, y por tanto deberán tener prestigio y reputación: autoridad cultural. Dicha reputación en un ámbito de libre mercado de pactos voluntarios es sumamente importante, ya que esta genera autoridad y confianza, y por tanto, cuotas y ganancias.

En resumen, dadas las diferencias de entornos (internalización o externalización de costes, necesidad o no de reputación, más o menos interacciones intergrupales constantes en el tiempo), las APS tienen mayores incentivos a la cooperación pacífica y a la estandarización legislativa, características tales que serían demandadas por el propio mercado ya que la gente no es ni sociópata ni psicópata generalmente.

CONTINUARÁ…

El siguiente artículo lo dedicaré a explorar la evidencia histórica respecto a las mafias clásicas y su funcionamiento interno, a los Gobiernos estatales, y a ejemplos de leyes privadas o no estatales en épocas antiguas. Además, intentaré ofrecer una cierta tesis explicativa desde el ámbito económico y de psicología de grupos para comprender el por qué los Gobiernos, siendo mafias extractivas a todos los niveles, no acometen (o cada vez con menor frecuencia) acciones violentas de extorsión intragrupal (abuso de poder) y guerra intergrupal (conquista violenta de otros Estados) para cumplir su objetivo. Y por tanto, el por qué, viendo los puntos señalados anteriormente y viendo que los incentivos perversos de los Gobiernos a dichas prácticas son más fuertes que los que tendrían las APS de Gobierno voluntario, no está justificado criticar a la anarquía de mercado bajo la presunción de que se convertiría en un entorno de mafias violentas.

[Nota: la opinión expresada por el autor en el presente artículo no necesariamente se corresponde con la opinión de todos los miembros de la asociación Students for Liberty Barcelona.]

Adrián FernándezAdrián Fernández
Estudiante de psicología en la UB. Estudio autodidacta de filosofía, ciencia política y ciencia económica. Anarcocapitalista. Blog personal: Anarquía de Mercado.

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