Contra la inmersión lingüística en el colegio, educación libre

Cualquiera que viva en Cataluña debe estar en general un poco ciego para no percatarse del debate onmipresente:

“Catalán vs. Castellano”

Se huele en las calles, se comenta en las terrazas y es uno de los temas favoritos de, por un lado, políticos buenistas que altruistamente quieren salvarnos de una malvada imposición franquista, en la que obligarán a todos los niños a hablar en la lengua de Cervantes, o, por otro, aquellos otros angelitos que nos librarán de una imposición nacionalista catalana.

Aquí es donde comienza el juego de unos contra otros, se hacen malabarismos con los sentimientos culturales de la gente y se inicia la propaganda debida:

País de todos

“Per un país de tots, l’escola en català” (Por un país de todos, la escuela en catalán)

Eslogan buenísimo que toca la sensibilidad de las personas haciéndoles pensar que todos formamos parte de un colectivo interesado (Cataluña) y que la lengua forma parte de TODOS los miembros de ese colectivo (en este caso, el catalán).

En definitiva, un mensaje claro que explota los lazos de los votantes.

¿Pero es así? Está claro que no, si TODOS pensásemos que esa lengua es la que se debe estudiar en los colegios, ni habría debate alguno ni la necesidad de bombardearnos con consignas, por lo que está claro que no TODOS nos identificamos con una misma lengua o grupo.

De modo que lo que erróneamente se presenta como “una lengua de todos nosotros y que forma parte de todos nosotros” en realidad significa “una lengua de la mayoría de nosotros que se intenta imponer a los restantes”Y es que en la política, el bien común, si es impuesto a todos, nunca puede aspirar a ser el bien común, sino como mucho el bien mayoritario.

Siendo conscientes de que hay interesados que van a mentirnos descaradamente explotando nuestros sentimientos legítimos de colectivo, quizás deberíamos empezar a desconfiar un poco y buscar una respuesta educativa satisfactoria en nosotros mismos en lugar de en el Estado.

¿Podemos elegir la lengua que consideremos adecuada para nuestros hijos sin un Estado que lo garantice?

Si actualmente elegimos cuál es la ropa que nos compramos o qué vamos a comer mañana sin que el Estado dicte arbitrariamente cómo vestirnos o qué debemos comer, exactamente del mismo modo nos podemos proveer de una educación, ya no sólo en un determinado idioma vehicular, sino con unas asignaturas al gusto de los padres.

De lo que estoy hablando, básicamente, es de revolucionar la educación privatizándola y liberalizándola: es decir, dejando que fundaciones, cooperativas, emprendedores, pequeñas empresas y padres formen escuelas, sin privilegios políticos ni imposiciones educativas del Estado; conseguir una educación en constante cambio en el que cada padre y madre, con cada euro que gaste, esté votando a los buenos pedagogos, educadores, profesores, emprendedores y empresarios que descubran planes educativos en la lengua o lenguas que los padres más valoren y hagan quebrar a aquellos malos que no lo hagan.

En definitiva, acabar con una educación estática que presupone que los niños, independientemente de que les guste más una lengua u otra, independientemente de que sean más hábiles en una asignatura u otra, independientemente de que sus padres crean que tienen que estudiar menos y jugar más, deben aprender TODOS lo mismo, al mismo tiempo, con materias fijas, una lengua o lenguas dadas y sin posibilidad de estudiar más tiempo aquello que al niño mejor se le da o más le gusta.

Cualquiera podría leer esto y pensar que, aunque la educación parezca mejor así, eso sería convertirlo en una educación inaccesible económicamente, en la que los pobres no podrían educar a sus hijos por falta de recursos o ayudas. Pero esto es falso por los siguientes motivos:

1.- Ya estamos pagando una educación a nuestros hijos a través de impuestos, por lo que pensar que, si nos devolviesen ese dinero de los impuestos, no podríamos pagarlo por nosotros mismos, es pensar que la educación estatal es más barata cuando no sólo hay que pagar a los profesores y a la escuela en sí, sino también a una legión de funcionarios administrando nuestros impuestos, decidiendo los planes de estudio e imponiendo sus ideas.

2.- Durante el periodo en que aquellas personas no puedan pagarle la educación a sus hijos, bien pueden existir organizaciones que ofrezcan educación gratuita, profesores en cooperativas que ofrezcan becas a las familias o incluso cheques escolares ofrecidos por el Estado a aquellos padres y madres que no tengan recursos.

Una última cuestión sobre la inmersión lingüística:

¿Es legítimo que una mayoría imponga a los demás la lengua vehicular en los colegios?

Responder a esta pregunta es muy sencillo si se elimina al Estado de la ecuación y suponiendo que la gente vota por el bien de los hijos de los demás.

Imagínate que tienes un amigo muy querido que tiene un hijo y quieres lo mejor para él. Tú piensas que lo ideal es que su hijo estudie en catalán, castellano, árabe, inglés o cualquier otra lengua.

¿Obligarías al padre a entregarte a su hijo para escolarizarlo en la lengua que tú piensas que es la Inmersión lingüísticamejor y le harías pagarlo de su bolsillo bajo amenaza de encerrarle en un zulo con barrotes?

Eso es exactamente lo que estarías pidiendo al Estado con tu voto. ¿Es más ético ese acto porque no eres tú quien se mancha las manos?

Al final, de lo que trata este artículo es de asumir que los padres tienen muchos más incentivos y están más legitimados que el Estado para preocuparse por el bienestar de sus propios hijos.

Libertad y buenos humos.

Jose María Escorihuela SanzJose María Escorihuela Sanz
Estudiante de enfermería y anarcocapitalista. Miembro de Students for liberty Barcelona.

Blog personal: http://enfermeroancap.wordpress.com/

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