Comprar lo que quiera, donde quiera y cuando quiera

libertad de horarios
A finales de julio, el alcalde de Valencia, Joan Ribó declaró que el Ayuntamiento trabajaba para “disminuir drásticamente las zonas de libertad de horarios” y afirmó que “los domingos no son para comprar”. Después de esto añadió que “los domingos son para ir a la playa, a un acto cultural o para que los que van a misa vayan a misa”. Olé sus huevos. No solo se enorgullece de “disminuir libertades” sino que además tiene la cara dura de decir a los ciudadanos lo que deben hacer con sus vidas, qué pueden hacer y qué no pueden hacer en domingo. Si viviéramos en un país normal, en una sociedad libre y tolerante, nos llevaríamos todos las manos a la cabeza al ver cómo un politicucho se cree que es nuestro amo. Pero no es el caso de España, donde estas prohibiciones son bastante aplaudidas por determinados sectores.

En Barcelona, en general los comercios no pueden abrir los domingos y festivos, aunque existen diez días en los cuales está permitido. El pasado Viernes Santo visité la ciudad con mi familia. El centro de Barcelona estaba lleno de gente por sus calles, especialmente turistas. Me sorprendió ver que todas las tiendas estaban cerradas, aunque tantos turistas deseaban comprar en los comercios. La mayoría de tiendas, sin esta absurda prohibición, hubiesen abierto ese día. Sin la prohibición, el holandés que paseaba por la ciudad hubiese podido comprar una camiseta en Zara y Zara hubiese obtenido una ganancia. El holandés estaría feliz porque podría lucir orgulloso su recien estrenada camiseta, mientras que la gente de Zara también estaría feliz por los ingresos obtenidos. Con la prohibición, ni el holandés se alegra (no tiene lo que quería, su camiseta) ni Zara está satisfecha (no obtiene ningún ingreso). ¿Por qué se mete el gobierno municipal en medio de un intercambio voluntario que favorece a ambas partes? Cierto es que si el turista no puede comprar en Viernes Santo, no se quedará sentado con los brazos cruzados, sino que hará otras cosas como ir a la playa, ir al teatro o ir a misa, como dice Ribó. El problema es que quizás el turista valora más la camiseta de Zara que contemplar el mar, visualizar una obra teatral o escuchar el sermón del cura, y por lo tanto la restricción de los horarios comerciales le perjudica. Lo que tienen que aprender esos políticos que pretenden organizar la vida de los demás cuando suficiente tienen con organizarse la suya, es que ¡afortunadamente! las preferencias de los individuos no son ni deben ser uniformes. A mi, en un día festivo, me puede gustar gastarme mi dinero comprando un libro en una conocida librería del centro de Barcelona, tu puedes preferir ir al campo con la familia, y mi vecino puede inclinarse por hacer puenting. Y si a ti te gusta hacer puenting o ir al campo y no te gusta comprar en tiendas, perfecto, pero no pretendas prohibir que yo pueda comprar un libro en un comercio que está dispuesto a abrir ese día para vendérmelo, igual que yo no le voy a prohibir a nadie ir al cine o comer en un restaurante.

Entonces, ¿por qué no tenemos libertad de horarios? Básicamente porque, en general, los pequeños comerciantes así lo reclaman y, al ser éste un lobby bastante influyente, la mayoría de partidos tratan de hacer cumplir sus demandas, al representar una bolsa imporante de votos para ellos que no están dispuestos a perder. Los pequeños comerciantes se quejan de que los centros comerciales y las multinacionales se pueden permitir abrir todos los días de la semana, mientras que ellos no. Muchos pequeños comerciantes son autónomos y tener que abrir en domingo representa que no pueden disfrutar de un día de fiesta a la semana. Pero otra vez más, se trata de una cuestión de preferencias ¿qué valoras más: tener tiempo libre el domingo o los ingresos adicionales de trabajar un día más? Si valoras más lo primero, deberías cerrar el domingo, renunciando a los ingresos que podrías obtener ese día; si valoras más lo segundo, deberías abrir el domingo, renunciando a parte de tu tiempo libre. La primera regla de la economía es que los recursos son escasos, esto es un hecho, por lo tanto siempre existe un trade-off. Si a las 8 de la tarde juega el Barça y a la misma hora tengo un examen, o miro el Barça o hago el examen, forzosamente tendré que renunciar a una de las dos opciones; si solo dispones de dos euros en el bolsillo y vas a un kiosko, o compras La Vanguardia o compras El País, pero no puedes comprar los dos. Lo mismo ocurre en el caso del pequeño comerciante: tiene que elegir entre ingresos o tiempo libre, y cada uno debe tener libertad para decidir según sus preferencias. Lo que no puedes es hacer el examen a la vez que disfrutas del partido, comprar La Vanguardia y que El País te salga gratis… y no trabajar en domingo y a la vez disfrutar de los beneficios que hubieses obtenido trabajando ese día. Porque para poder percibir ambas cosas a la vez es necesario obligar a los demás a cerrar sus comercios por la fuerza: sería el equivalente a comprar La Vanguardia al kioskero pero robarle El País. Además, los pequeños comerciantes no solo pueden elegir entre descansar en domingo y trabajar todos los días, también podrían trabajar los domingos pero descansar los martes, cuando los ingresos son menos cuantiosos que el domingo. Como siempre, cuestión de preferencias. ¿Que algunos pequeños comercios desaparecerían con libertad de horarios? Es posible que sí, pero si tienen que cerrar será porque los consumidores así lo han decidido a la hora de comprar, prefiriendo otras opciones: no hay nada más democrático que la soberanía del consumidor.

Según los políticos, obligar a todos los comercios a cerrar en domingo es proteger a las tiendas pequeñas. Lo que no entiendo es por qué lo llaman «protección». Que lo llamen «dar privilegios», que es así como se llama. «Proteger» al pequeño comercio mediante la limitación de horarios comerciales es darles privilegios a costa de restringir las libertades de todos. Es decirle a la gente dónde y cuando tiene que comprar, es decirle qué debe hacer y qué no debe hacer con su tiempo y con su dinero. Además, deberíamos preguntarnos qué sentido tiene limitar la libertad de horarios a día de hoy, cuando podemos comprar y vender libremente por internet (en Amazon o eBay, por ejemplo) cuando queramos, incluso los días festivos. ¿O es que esto también nos lo van a prohibir?

A veces, cuando defiendo la libertad de horarios comerciales me suelen responder “¡Si tu familia tuviese una tiendecita no pensarías así!”. Pero se equivocan. Claro que seguiría pensando así. Porque, al contrario de otros, yo no defiendo lo que me interesa a mi, ni actúo como lobby para obtener privilegios para mi. Lo que yo defiendo es lo que es justo, y lo que es justo es la libertad: tener la posibilidad de marcarte tus fines y elegir los medios para conseguirlos sin que los demás te utilicen a ti como medio para poder obtener sus propios fines.

Coro XandriCoro Xandri

Quasi-anarquista.

Blog: http://www.elshowdetruman.com/

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